¡¡Qué bien!! Tengo una nueva amiga llamada Hope, un nuevo amigo nigeriano llamado Umusu y un montón de hackers rusos empeñados en que les dé mis datos bancarios para asegurarme de que las compras que hice en una tienda on line brasileña (algo de lo más lógico, compro en tiendas brasileñas por sistema) han sido tramitadas correctamente.

Me temía que al hacer público mi mail pasaría algo así. Los rastreadores de arrobas no me dan tregua desde entonces tratando de venderme viagra, cursos de chino y novias rusas contrareembolso. Y, por supuesto, también tratan de estafarme siguiendo métodos más clásicos. Hace pocos días tuve el honor de recibir un correo del mítico Sr. X nigeriano, aquél que proclama ser un diplomático con problemas financieros. Su propuesta es de lo más apetitosa: Préstame 5.000 euros que yo te devolveré 20.000 cuándo consiga sacar el dinero turbio que tengo en mi país; Sólo dame los datos bancarios que yo me ocuparé de todo. Lo peor es que son millares los hijos de la estampita que han picado en semejante anzuelo.

El pishing de los hackers rusos provoca vergüenza ajena por su ingenuidad. Ya que la falsa compra fue realizada en una tienda brasileña por un español, por lo menos podrían haber escrito el mail en portugués o en castellano, sería más creíble. Pero bueno, al menos el de la novia por correspondencia me servirá para ejercitar mi memoria cinéfila…

No creo que responda a la tal Vero que se declara como mi nueva gran amiga, básicamente porque con toda seguridad Vero es un hacker ruso gordo, con bigotón decimonónico y muchas ganas de vacíar una cuenta bancaria cuyo parco contenido me temo le desilusionaría. Y es que, sinceramente, no me gustaría acabar como Ben Chaplin en “Birthday Girl”, encargando novia del este vía Internet para terminar en manos de dos psicópatas rusos que utilizan a Nicole Kidman como cebo. Y menudo cebo. Chiribitas le hacían los ojos a Chaplin cuándo fue a recogerla al aeropuerto.

La película es espantosa, pero con la Kidman de por medio, qué más da.

Mucho antes de que Internet viera la luz, este tipo de transacciones se realizaban por el más tradicional medio de la correspondencia de toda la vida. Jean-Paul Belmondo no necesitó demasiadas cartas cruzadas para enamorarse locamente de Catherine Deneuve en “La Sirena del Mississippi”.

Nuevo arrebato romántico de Truffaut que narra la descompensada historia de amor loco entre un potentado y una misteriosa mujer a la que conoce a través de las páginas de contactos de un periódico. Tras una boda relámpago, ella vaciará su cuenta bancaria para desaparecer. Él la encontrará y se iniciará una trágica historia de dependencia afectiva entre ambos. La escena final es antológica:

Julie: “Te quiero”

Louis: “Te creo”

Los motivos que llevaron al personaje interpretado por Belmondo a tan desatado enamoramiento saltan a la vista. No hay más que mirar a la Deneuve. Pero si además, su ausencia de pudor provoca accidentes de tráfico al cambiarse de ropa tal que así 1, no es de extrañar que Belmondo estuviese dispuesto a dejarse matar por ella (o a manos de ella, habría que matizar).

El mismo método fue el utilizado por Holly Hunter en “El Piano”. Carta pa’ aquí, carta pa’ allá… y ale nos prometemos amor eterno. Al menos hasta que ella descubra que su amoroso marido postizo es una mala bestia. Pero como no es cuestión de viajar hasta el culo del mundo con tu hija y tu piano a cuestas, mejor será aprovechar la coyuntura para montártelo con el típico tipo enigmático con pasado tormentoso.

Folletón bastante indigesto, la verdad, que se soporta gracias a la música de Michael Nyman.

Todo lo contrario que “Caravana de Mujeres”. El peliculón de William Wellman narra las desventuras de un grupo de mujeres en ruta hacia un pueblo minero del oeste, en donde se encontrarán con asilvestrados hombres que les esperan con los brazos abiertos y las braguetas bajadas. Pero ellas no son un juguete sexual, y así lo proclama Wellman al presentarlas como corajudas mujeres de armas tomar que no están dispuestas a convertirse en doncellas de nadie y menos de unos paletos de las montañas rocosas. Las duras visicitudes del viaje las endurecerán pero no lograrán deshumanizarlas. La llegada a su destino supondrá el establecimiento de la ley y el orden en una tierra salvaje. Para Wellman, mujeres y civilización son términos inseparables. Es por ello por lo que les dedica este hermoso homenaje dentro de un género que habitualmente prescinde de ellas.

Y fin… Bueno, voy a contestar a Vero (o Igor) para entregarle los datos bancarios que aparecen en “Superman III”. ¿Quién sabe? A lo mejor tiene suerte y deja sin blanca a Richard Pryor.