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Los tipos de la Inquisición (“Días de Cine”) se pusieron a rebuscar la madrugada del pasado jueves. Querían encontrar la película del año. Repasaron las pelis americanas por un lado y las europeas por otro. Las españolas tuvieron su propio apartado ya cerca de la mitad. Al final, llegaron a la conclusión de que “Zodiac” es su película del año (para mí no pasa de ser una buena película fallida).

Pero si olvidamos el despotismo de Antonio Gasset recomendando las pelis de sus amiguetes, hubo un momento en el que, repasando la lista europea, tocaron techo. Porque para mí, la mejor película del año ha sido “La Vida de los Otros”. Cinta alemana dirigida por Florian Henckel-Donnersmarck.

Es para ella y para su desaparecido protagonista (Ulrich Muhë) por lo que está dedicado este último posteo del año.

Que el 2008 sea un buen año para todos los que alguna vez han pasado por este lugar. Feliz año nuevo. Pásenlo bien y que sus noches sean mágicas.

Se habla constantemente de la caída en calidad de la producción dirigida por Ridley Scott. Es posible que “Gladiator” haya sido dignificada por el tiempo, si bien para el cinéfilo nunca significó gran cosa. “Hannibal” está bien. Sorprendentemente bien, teniendo en cuenta su manía por hacer que sus películas recorran caminos ya transitados. “El Reino de los Cielos” es vomitiva, como lo es “Black Hawk Down”, deudora de la parafernalia y el ruido que tanto atrae al hermano tonto del director inglés. Si dividiésemos su obra en tres partes, con dos podríamos construir una hermosa pajarita con evadirnos de la angustiosa realidad. Y así a ocurrido una vez más con su última película…

“American Gangster” resulta atropellada en ritmo, ruin en sus formas y obsoleta en su estructura. Cae en el viejo vicio de recurrir a la dualidad moral de los protagonistas para darle empaque a su conjunto. De tal modo, asistiremos a la embarullada ascensión de Frank Lucas en el olimpo de los gangsters americanos sin apenas saber de quién se trata. De hecho, poco sabremos de Lucas a lo largo de su metraje más allá de lo que la ajustada interpretación de Denzel Washington deje caer. Para darle réplica, Scott busca el reflejo de otra estrella, Russell Crowe, con lo que él considera cubiertas las necesidades de la película en ese aspecto. El resto es mera fachada. Mil imágenes bien dispuestas y mil veces vistas, que extienden el olor a rancio por todo el metraje. La falsedad, tan del gusto del director inglés, se extiende gradualmente hasta contaminar por completo una cinta que convertiría el “Zodiac” de Fincher en una obra capital.

En ningún momento Scott oculta la fascinación que le genera Lucas. A pesar de filmarle volando la cabeza de un par de tipos, el director le representa como un hombre de negocios honesto en su fondo que da color a su carrera en base a un producto superior al de la competencia. Su droga es más pura y sus precios más bajos. Un empresario americano. El policía no escapa del estereotipo. Es honrado, por supuesto, el tipo que devolvió un millón de dólares, pero al tiempo engaña a su mujer con cualquier falda que se pone a tiro. Un padre pésimo, con vida caótica, que se mueve a sus anchas en un universo de polis corruptos. Alguien que ha convertido su profesión en tabla de salvación. Material suficientemente grave para que el director despliegue su habitual batería de recursos: Mucho ritmo, mucho empaque y un carcasa tan hueca como cabría esperar. Nada cuenta, tras sus interminables 160 minutos de narración. Ocurren cosas pero es como si nada hubiera pasado. Muchas explosiones que dejan tufillo a pólvora sin restos de asombro en el espectador.

Sigo pensando en si el tipo que dirigió “Alien”, “Blade Runner” o “Los Duelistas” es el mismo que firma todas estas poses. Le sigo buscando. Aunque sospecho que ya no le voy a encontrar.

Bueno, este posteo es más viejo que la tos. Lo colgué un 23 de diciembre de 2005. Echando en vistazo a mi viejo blog me encontré con él y pensé que no desentonaba demasiado en las fechas que corren. Así que, ahí va…

Nooo. No pienso vomitar toda mi bilis sobre Santa y sus renos. No odio la navidad (el decir esto públicamente hoy día casi equivale a ser políticamente incorrecto), me deprime como a casi todo el mundo, eso es todo. Me pone tonto. Y supongo que para eso (y para derrochar la paga de tres meses) fueron creadas. Asocio las navidades a la melancolía. Al recuerdo de días mejores. Pero como esto va de cine, he aquí 12 (in)olvidables fotogramas navideños. Intentaré ser original y no colocar más de dos o tres de las (películas) referencias estacionales obligadas…

Bueno… Supongo que todos tenemos una película fetiche. Esta es la mía. Hasta cinco veces fui a verla (a un cine que ya no existe) en aquel verano del 93. La taquillera, al verme acercarme a la ventanilla, ya tenía preparada la entrada para sala dos. Era muy joven y estaba enamorado de Marisa Tomei (de hecho, aún lo estoy), además de sentirme identificado con el prota… En fin, vista objetivamente, la película con suerte llega a correcta. Pero yo soy incapaz de ver las cosas objetivamente.

LA ESCENA:

Es nochevieja. Adam (Christian Slater) espera sentado en el porche de la casa de Caroline (Marisa Tomei), a pesar de haber sido invitado. Caroline le ve por la ventana y sale a buscarle…

Caroline: “¡¡Estás aquí!! Pero por qué no has entrado a cenar… con unos completos extraños (sonríe)”

El estallido de un cohete les ilumina, es año nuevo. Se besan tímidamente y se acomodan en el banco de madera para observar los fuegos artificiales.

Habitualmente se la considera una película menor del maestro Minelli. Habitualmente la crítica más sesuda se equivoca.

LA ESCENA:

El padre de Eddie (Glen Ford), abandona la fiesta de año nuevo para ver cómo se encuentra su hijo. Al subir a su cuarto, le encuentra dormido junto a la ventana. Le recoge suavemente y le acuesta en el momento justo en el suena el “Auld Lang Syne”. Mientras, el cielo se llena de polvora.

Cuando una peli tan cruel es considerada cursi, la única explicación que se me ocurre es la miopía global de estos tiempos. Una obra maestra, no digo más…

LA ESCENA:

El inolvidable sonido de la caja registradora del bar de Potterville que reparte alas de ángel indiscriminadamente ante el etílico jolgorio general.

En una ocasión, escuché ésto sobre la película: “La dirección es plana, su guión predecible, su trama fútil… Sin embargo funciona. Es más, son los universitarios, gente con un nivel de preparación superior, la mayoría de público”. Evidentemente el tipo que lo dijo era un imbécil, aparte de un snob. Por no hablar de su desconocimiento absoluto de la naturaleza del universitario hispano. Pero tenía razón en algo… La película funciona.

LA ESCENA:

Tras pasar varios días juntos, Jack (Bill Pullman), el desconfiado hermano del durmiente Peter, acompaña a Lucy (Sandra Bullock) a su apartamento. El piso helado, convierte el trayecto en una sucesión de caídas y risas cómplices… Al despedirse, Lucy se vuelve para ver a Jack marcharse, éste a su vez, hace lo propio unos segundos después cuando Lucy ya no está… Acaban de darse cuenta de que se han enamorado.

Película de referencia para toda una generación. Posiblemente la mejor comedia de la década. Guión redondo de Nora Ephron y dirección a la altura de un maestro nunca suficientemente reconocido, Rob Reiner.

LA ESCENA:

A pocos segundos del fin de año… Harry (Billy Crystal) y Sally (Meg Ryan) caen en la cuenta de lo mucho que se necesitan y atraviesan la ciudad corriendo el uno en busca del otro.

El cualitativo canto del cisne de Pollack difícilmente será superado. Su admirable contención esconde la pasión más pura. Para algunos no llega a la altura de la novela de Karen Blixen. Siento disentir.

LA ESCENA:

Denys Finch Hutton (Redford) se encuentra acompañado por una joven durante la celebración de la nochevieja en las calles. Allí se encuentra con Karen (Streep) a quién saluda cálidamente. Se despiden tras intercambiar algunas frases, hablan de la guerra. Karen le observa con tristeza. Finch Hutton lo hace después. Dos barcos que se cruzan en la noche. Siento tan pobre exposición, es una escena muy triste dificil de describir.

Poco que decir sobre otra obra maestra de Chaplin. El vagabundo perdedor sigue su rumbo entre mineros, amores imposibles y botas comestibles.

LA ESCENA:

Es nochevieja. El vagabundo observa a través de una ventana la magnifica mesa que un numeroso grupo de personas ha preparado. Tras unos segundos, sigue su camino.

Lo más terrible que podía ocurrir en el año 47 era que alguien no creyese en Santa Claus… Y puede que Kris Kringle no lo sea, pero se le parece tanto…

Que triste destino esperaba a aquella preciosa niña (Natalie Wood).


LA ESCENA:

Susan (Natalie), intenta convencer a su madre (Maureen O’Hara), de que Kris Kringle (Edmun Gwenn) es Santa Claus.

Susan: “Ves… Ha hablado en holandés con esa niña”

Doris: “Hija. Yo sé hablar francés. ¿Soy acaso Juana de Arco?”

A día de hoy, sigo pensando que Robert Zemeckis no es consciente de la alambicada complejidad de su película. Se puede interpretar de tal cantidad de formas, que dudo seriamente de que la peli que vi yo, sea la misma que construyó él.


LA ESCENA:

En un cochambroso bar, el teniente Dan (Gary Sinise) y Forrest (Tom Hanks) celebran la nochevieja acompañados por dos fulanas. Al llegar la medianoche, el lisiado teniente eleva su copa y musita en voz muy baja (sin que nadie se percate de ello): “Feliz año nuevo…”, entre el estruendo, los besos y el alcohol.

…Y Phoebe Cates se convirtió en la fantasía de todos los que crecimos en la década de los ochenta. La peli… entrañable. Qué tiempos cuando Joe Dante aún tenía cosas que contar.


LA ESCENA:

Kate (Phoebe Cates), recuerda el motivo por el que odia la navidad: La estúpida muerte de su padre cuando éste intentaba bajar por la chimenea disfrazado de Santa.

En la segunda parte, también lo contó… en otro tono.

Los Griswold vuelven a la carga (por tercera vez) en esta peli, convertida en un nuevo clásico (televisivo) navideño. Yo me reconozco fan fatal de esta familia tronada. Tengo sus cuatro películas grabadas (incluso la cuarta, que es penosa) y cada navidad, mi hermana pequeña y yo, hemos convertido en tradición verla. Conocemos cada gag y cada línea de diálogo, aún así, siempre terminamos desparramados por el sillón con dolor de barriga provocado por las risas. Al fin y al cabo de eso se trata, de ser feliz.

LA ESCENA:

Por decir una…

Ellen (Beverly D’Angelo) recibe la inesperada visita de su desastroso primo (Randy Quaid)…

Ellen: Bienvenidos a nuestro hogar… ¿Cuándo os vais?

Estimable telefilm que supongo rechazó Antena 3 por superar la media de calidad máxima permitida por la cadena. Terminó pasándolo la 2 una madrugada de la pasada navidad. Empecé a verla con la intención de irme pronto a la cama y terminé acostándome a las cuatro. Me gustó…

Cuenta la historia de una desencantada ejecutiva literaria (Ally Walker) que recibe la visita de una especie de fantasma de las navidades pasadas, encarnado en ella misma siendo niña. Al tiempo, un extraño manuscrito cae en su mesa. Las continuas apariciones de su fantasma, ese libro y el tipo que lo escribió alterarán su frágil equilibrio.

LA ESCENA:

A la vuelta del trabajo, con las calles envueltas en el ruído de la navidad, Susan (Ally Walker), enciende el ordenador y se conecta a un chat. La camara retrocede para mostrarnos la terrible soledad de su estampa frente a una pantalla en una casa vacía.

Es todo. Feliz 2008 para todos los que se perdieron alguna vez por este lugar.

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Lo explícito es enemigo de la razón…

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