El pasado jueves, sobre las siete de la mañana, el cielo estaba encapotado por aquí. Ya por la noche, pasadas la nueve, había sido cubierto por una luna grande y tintada de un color amarillento. La vi desde un lugar elevado, era digna de contemplar emergiendo entre todas aquellas nubes reunidas en torno a ella. Lástima no haber tenido una cámara a mano…

La luna ejerce una notable fascinación sobre el hombre y el cine no escapa de su influjo. Los primeros en hacerle referencia fueron los hermanos Méliès. No serían los últimos…

Hay miles de películas que tratan sobre ella, desde “La Luna” de Bertolucci hasta “The Rising of the Moon”, lunática versión de una canción tradicional irlandesa cortesía del maestro Ford. Hay incluso un director de cine catalán apellidado Luna. Él (quién si no) fue quien dirigiría “La Teta y la Luna”.
Éstas fueron las cinco primeras películas dirigidas por lunáticos que me vinieron a la mente aquella noche al llegar a casa. Están recogidas en el mismo orden con que fueron apuntadas en la primera libreta que encontré, la que luce el logo del Museo del Prado en un costado.
Adiós a la Inocencia (Racing with the Moon)…

La segunda película de Richard Benjamin como director mejoró a la primera (“Mi año favorito”) haciendo creer a todos que un nuevo maestro asoma las patitas. “Esta Casa es una Ruina”, remake de “Los Blanding ya tienen casa”, fue un divertido canto del cisne para un director que parecía llamado a realizar grandes cosas. Lunático sin duda. Si hay dudas, no se pierdan su papel en “Amor al Primer Mordisco”.
La historia de amor condenada al fracaso entre un chico sin blanca pero con orgullo y una chica rica, está muy vista. He ahí su mérito. Benjamin impregnó la cinta de una melancolía insoportable que seguirá funcionando dentro de mil años. Un primerizo Nicholas Cage, un enérgico Sean Penn y una dulce Elizabeth McGovern protagonizan el portentoso guión que escribió Steve Kloves en estado de gracia.
Un Verano en Louisiana (The Man in the Moon)

Solo un lunático podría atreverse a dirigir “Matar a un Ruiseñor” y crear un clásico de camino. El tiempo de Robert Mulligan parecía acabado cuando dirigió “The Man in the Moon”. Por entonces todo el mundo conocía su película de referencia, incluso “Verano del 42″ y poco más de su obra. Pero él fue quien dirigió (en condiciones precarias) “Up the Down Staircase”, con seguridad la mejor película sobre la enseñanza desde la versión dirigida por Sam Wood de “Adiós Mr. Chips”.
Dos hermanas compiten por el amor del chico nuevo llegado al pueblo. Ocurre en Louisana y en verano (bien el que le colocó el título en castellano), con una charca en la que iniciarse al sexo y noches interminables de confidencias y bailes. La mayor obtendrá la atención del chico nuevo, la pequeña su insuficiente cariño. La tragedia acercará a las hermanas de nuevo. El corazón se recompone mil veces a lo largo de una vida hasta que no hay forma de rearmarlo. Ésta será la primera vez ésto que ocurra en la vida de ambas, seguro que no la última.
La voz de la Luna (La voce della luna)

Fellini estaba acabado, que no cansado, cuando afrontó el que sería su último proyecto: “La voz de la luna”. El gusto del público había cambiado y él no había dado cuenta. Las nuevas tecnologías le sobrepasaban. Era ya un anciano de casi setenta años cuando comenzó a dirigir la película. Por ello representó un último acto en el que dos lunáticos fuesen los protagonistas. Quería reflejar el mundo tal y cómo él lo veía, a través de los ojos del que nada entiende y para el que todo tiene sentido. El rey de los lunáticos muriría tres años después. Aullando a la luna, seguro.
Ivo Salvini (magnifico Benigni, y no es broma) acaba de salir de un hospital psiquiátrico sin estar curado aunque es inofensivo. El prefecto Gonnella (Paolo Villaggio), por su parte, es un funcionario que ha perdido la cabeza y piensa que todo cuanto le rodea es falso. Tras un largo camino por separado hacia ninguna parte, se encontrarán en un extraño pueblo.
La película es muy deficiente, la crítica la destrozó. De hecho, Fellini pierde los papeles con frecuencia (inolvidable la escena en la que el prefecto sube a una cabina de disc-jockey para acusar a los jóvenes que bailan de asesinar la música). Aún así guarda algunos de los momentos más sugerentes de su larga filmografía. Entre ellos, el diálogo de Ivo con la secuestrada luna a la que él confunde con su amada Aldina.
Lunas de Hiel (Bitter Moon)

Polanski, que llevaba mucho tiempo perdido cuando rodó “Lunas de Hiel”, quería adaptar la difícil novela Pascal Bruckner. Consideraba que sería el vehículo ideal para explotar la sensualidad de su joven esposa Emmanuelle Seigner, lo que no esperaba era con filmar su mejor película en décadas. La descripción de la fina línea que separa el amor del odio y la dependencia que ambos ejercen sobre el individuo, fue narrada en primera persona por el director de origen polaco. Esta vez no ocurrió como en “Piratas” o “Frenético”, esta vez Polanski conocía el tema a fondo. El brillante resultado final demuestra su fuerte implicación con la cinta. Eso sí, los premios gordos tardarían en llegar, y sería la académica “El Pianista” la que los recibiría. Las películas filmadas con el bajo vientre nunca reciben premios.
No fue casualidad que el matrimonio formado por Nigel y Fiona celebrara su séptimo aniversario (the seven year itch) cuando conocieron Oscar y Mimi. Nigel sufre una fuerte atracción hacia Mimi que le resulta difícil ocultar. Oscar no tardará en animarle para que haga realidad su fantasía, siempre que escuche antes la historia de pasión que le dejó postrado en una silla de ruedas. El resto, mejor verlo…
Luna de Papel (Paper Moon)

No es fácil de explicar el efecto Bogdanovich. “Luna de papel” es una comedia pero no lo es. Las situaciones son jocosas, pero el marco no. La lánguida fotografía y el polvoriento pueblo texano en el que un estafador de poca monta pretende colocar sus biblias a viudas, provocan una tristeza similar a la lograda en “The Last Picture Show”. El Bogdanovich cinéfilo emerge, hay mucho Chaplin en las andanzas del buscavidas Ryan O’Neil y la niña que se le adosa (su hija Tatum). Y es que el perdedor está predestinado, haga lo que haga, a seguir un camino repleto de socavones.
En plena depresión, Moses, timador de baja estofa, se hace cargo de una avispada huérfana que pretende visitar a una tía. Tras descubrir que ha sido engañado por ésta, la convertirá en improvisada socia de sus fechorías. Sobrevivir es un reto siempre difícil de lograr y no hay tregua para el que carece de red en su camino por el alambre.
… después, ya en la medianoche, la luna estaba en todo lo alto y era blanca… y el hechizo se esfumó. Luego leí que los americanos pretenden regresar a la luna sobre el 2020; que los chinos y los rusos quieren hacerlo en 2025; que los japoneses lo están pensando seriamente y ya se han marcado una fecha, sobre el 2030 y que los europeos pretenden hacerlo cinco años más tarde. Con lo tranquila que estaba ella sin tanto pretendiente. Será cosa de la conjunción astral.

4 comments
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Enero 27, 2008 a 11:46 am
emilio
Una canción de Sting – Moon over bourbon street – sobre el vampiro de Anna Rice. Más que una película, es ésta canción la que me hace sentir la luna como algo hermoso, intimadatorio, mitológico, terrible. Borges, ay, volvemos, dice que la miremos, que puede ser la última. Yo tengo la costumbre de buscarla siempre. La miro un rato y pienso en ella. Tal vez lo hagamos todos pero a nadie le de por airear esa cosa privada de embelesamiento lunar. Nos gobierna, será eso.
Enero 27, 2008 a 2:25 pm
antarcticastartshere
La observo con frecuencia, Emilio. Con menos de la que debería, seguro. Me gustan las lunas grandes y tintadas como la del jueves porque no son frecuentes. Me atraen lo lunáticos (que no los locos, diferenciemos) que buscan la quimera por encima de todo y siempre pierden. Es como aquella leyenda en la que unos lugareños trataron de introducir la luna en la iglesia del pueblo. Sabían que era imposible pero había que intentarlo.
Enero 27, 2008 a 3:25 pm
MK
Guardo muy buenos recuerdos de esas lunas llenas que te pillan sobre todo en verano a la intemperie , con playa incluida.¿Sabias que el mes de julio pasado tuvimos dos lunas llenas en el mismo més? Incluso te diria que un punto de inflexión vital importante para señalar los años en mi calendario personal és el de la luna llena de agosto.
He aprendido a reconocer tristezas y euforias repentinas según su influencia…que no es poca creánme. No nos enseñan eso en las escuelas, pero sería bueno que cada cual aprendiera a administrarse según su relación con su influjo , aprender a reconocerlo , y a administrarlo…también a domesticarlo.
Como no vamos a estar tocados por élla si es capaz de crear mareas y de decantar fertilidades?.
Anda , que te has dejado a mi querida Cher y su
película y esa pequeña y deliciosa história de Rhomer y sus “Nuits de la lune pleine”.
Y en cuanto a lo de ejercer de lunática …estoy aprendiendo a hacer que sea una parte divertida de mí.
Enero 27, 2008 a 4:14 pm
antarcticastartshere
Buff, me olvidé de un montón, Mary Kate. Pero no fue un olvido en realidad, me limité a escribir lo primero que vino a mi memoria. De todos modos, no me convence demasiado “Hechizo de Luna”. La de Rohmer, sí. Me encanta. Por cierto, creo que su protagonista murió al poco de acabado el rodaje en un accidente. No viene a cuento, pero lo recordé.
En el colegio te enseñan álgebra, historia y lengua pero no se cría eso que llamaron inteligencia emocional. Se promueve, especialmente en el instituto y en la universidad, la competitividad por encima de todo. Lo demás, no importa. Y esa luna gorda es tan bonita. Podría pasar horas bajo su influjo. Ganas me dieron el jueves de quedarme un rato más allá arriba… pero empezaba a hacer frío.
¿Dos lunas llenas en un mes? Dos meses lunares entonces. No lo sabía. Afortunada tú que las pudiste ver en tu isla mágica.