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“Quiero un hombre con poder nuclear”

Así sea…

Y ya puestos: yo quiero una mujer biónica…

Los creadores de “Monstruoso” tuvieron claro desde un principio la estrategia a seguir: un producto “barato” cubierto con actores poco conocidos, un público poco exigente y deseoso de experimentar en primera persona, y una campaña publicitaria que siguiera los pasos de “El Proyecto de la Bruja de Blair”, película ésta de que también toman su filosofía. El resultado ha sido todo lo satisfactorio que preveían sus creadores. Por lo tanto, ya se rumorea que habrá segunda entrega.

El complejo arte del cine palomitero siempre ha sido mal considerado y peor tratado por la crítica. En muchas ocasiones con razón, en otras muchas no. “Monstruoso” pertenece al primer grupo, al grupo de películas descerebradas que pretenden transmitir sensaciones de bajo vientre al público mayoritario hoy día, osease: adolescente. Para conseguirlo, nada mejor que proporcionarles el producto tal y como lo consumen a diario en sus ordenadores: en primera persona.

Muchos consideran a Johnny Knoxville y sus compadres de “Jackass” como los precursores de Youtube. En realidad, las filmaciones en vídeo de tíos haciendo el ridículo han existido desde que la primera videocamara fue puesta a la venta. Los productores de “Monstruoso” decidieron seguir las reglas elementales que exige el género: primero tratan de dotar (con pobre éxito) de entidad dramática al material; después, disparan la adrenalítica acción sin preocuparse de hacerla creíble; finalmente, la resuelven de modo previsible previo paso por lo explícito. Para entonces llega el turno de aplicar la ley de mercado imperante, darle mascada la comida al consumidor en forma de primeros planos finales del monstruo que generarían vergüenza ajena en el amante del género de no ser porque J.J. Abrams y compañía se han encargado de hacerla desaparecer con antelación gracias a multitud de situaciones previsibles y a la carencia de emoción provocada por la abundancia de cañonazos y de edificios derrumbados sin mayor tejido que el que lo proporcionar sus innumerables efectos especiales. Por salir salen hasta zombies, algo que sería de agradecer de tomarse menos en serio una trama que pesa demasiado para tan poco bagaje.

Se podría pensar que la acción de “Monstruoso” tarda demasiado tiempo en eclosionar, castigando al espectador con una historia dramática sin alma protagonizada por personajes alienados. Según mi punto de vista es una ventaja, son quince minutos de tópicos que nos ahorramos. Mientras, Nueva York (siempre tiene que ser Nueva York) se destruye sin que nadie parezca saber el porqué, y no citaré la clásica cita que hace referencia a un día 11 porque Nueva York lleva décadas siendo destruida sin motivo. Desprovistos de coherencia, los personajes corren de una lado para otro entre escombros y cabezas gigantes de estatuas, circunstancia que los productores aprovechan para aceptar los retos propuestos con anterioridad: que en una película se derribó el Empire State Building, pues yo haré rodar la cabeza de la Miss Liberty. De paso, la situación servirá para realizar un espectacular cartel que lleve a más incautos al cine. Más pirotecnia, más sensaciones forzadas, más sabor a déjà vu.

Sólo espero que los cineastas con pocos medios no se emocionen; es barata, sí, lo es para baremos de grandes estudios: ha costado 25 millones de dólares. El futuro es hoy: “bajo costo” y alto rendimiento. El capitalismo salvaje aplicado al cine. Adam Smith debe estar sonriendo en alguna parte.

Y dijo Bob Hope…

“Fíjense esta noche en los rostros de los perdedores cuando aplauden a los ganadores. Contemplarán la mejor actuación de su vida”

Pues de este modo, a saltos, me contó mi DVD cómo fue la noche de los Goya…

Comienza la ceremonia: Mucha niña mona pero ninguna sola, claro. El escotazo de Najwa Nimri es de enmarcar, pienso. “El Orfanato” arrasa: ya lleva tres premios. Manuela Velasco se lleva su Goya, quién lo iba a pensar cuando presentaba programas musicales en Canal +. Se la ve locuaz, seguro que más que Alfredo Landa. El padre del landismo parece haberse olvidado de quién es y se pasa diez minutos balbuceando incoherencias en el estrado. Me entero después, que la retransmisión televisiva va con más de una hora de retardo. Afortunada decisión esa del corte, por cierto. La Pataky presenta un premio mayor pese a no ser nadie en el panorama del cine patrio. Esta buena y se acuesta con una estrella de Hollywood ¿quién da más?. Corbacho suma y sigue, no tiene gracia pero él cree que sí. José Manuel Cervino es escueto en su agradecimiento. Ya podía tomar nota de ello Alberto San Juan, muy merecido ganador del premio al mejor actor por su esforzada interpretación en la irregular “Bajo las Estrellas”. Juan Antonio Bayona imita el tropezón de Garci al recoger su premio. Antes, Corbacho ya ha “visitado” al director en su casa madrileña. Meterse con Garci tan es fácil que no tiene mérito. El niño de “El Orfanato” pierde pero gana. Se marcha a casa con su Goya en miniatura y me acuerdo del minioscar que le dieron a Shirley Temple. Premio para la Verdú. Ya era hora, pensarán ella, sus fans y los que añoran otros tiempos, cuando paseaba por la pantalla su cuerpo desnudo película sí, película también. Más premios para “El Orfanato”, sin embargo, el de mejor director se lo ha quedado Jaime Rosales por “La Soledad”. Elías Querejeta comienza a mosquearse: su hija lo merecía. Amor de padre. Y llega la traca final: el Goya a la mejor película española del año. No gana “El Orfanato”, ni “Las Trece Rosas”, ni “Siete Meses de Billar Francés”… gana “La Soledad”, y recuerdo que hace dos semanas, cuando alguien me preguntó qué película española me gustaba más de las nominadas, contesté que “La Soledad”, fundamentalmente porque, además de ser soberbia, es la única de las cuatro nominadas que he visto. El tipo que comenta la ceremonia pone el broche final: comienza una segunda carrera comercial para “La Soledad”. Si él lo dice, al fin y al cabo para eso se crearon los premios: para hacer caja. Comenta que solo 40.000 personas vieron la película en su día. 40.001, si me cuentan, si cuentan los que la hemos visto en DVD.

Pero lo mejor de la noche fue la reacción de Elías Querejeta tras ser proclamada “La Soledad” como la mejor película del año. Inolvidable su expresión Joey Tribbiani style: “¿pero quién se ha tirado un pedo?”. El veterano productor, sorprendido, ni aplaudió. Fue el colofón adecuado para un día olvidable.

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Lo explícito es enemigo de la razón…

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