Nadie dijo que fuera fácil. Ni tiene porqué serlo.

No debe ser fácil presenciar que un chico de 15 años se vuele la cabeza delante tuyo. Ni convivir con una suegra moribunda que refusa quimioterapias inutiles.

No debe ser fácil ver cómo tu mejor amigo se autoinmola a diario utilizándo la excusa de la cocaína. Ni ser el padre de un niño de 14 años que combina fiestas de mamadas con una madurez que asusta, tan impropia de su edad.

Ahora que por fin el fantasma del indigente húngaro que se te aparece en cualquier momento, en cualquier lugar, parecía haberte dado un respiro. Ahora que tu hermano, almacenado en un manicomio, ha dejado de morder a los celadores para solicitarte una eutanásica ayuda.

Sí. Tu vida no debe ser fácil, Huff.  

Anuncios