… y Emily desea que aterrice sobre su cabeza. Emily ya ha cumplido los treinta y aún no sabe nada. Su desastrosa vida se reduce a una sucesiva serie de trabajos basura, a un novio (músico de escaso éxito) cuyo miedo al compromiso le lleva al flirteo con otras mujeres y a una novela atascada que no consigue terminar.

También tiene un padre fotógrafo al que nunca ve, una madre neurótica y una amiga actriz, estrella de culebrones mejicanos. Y es, sin que ella lo sepa, objeto de interés de un viejo gruñón que se muere en el hospital en el que cubre una suplencia.

Piensa que ya nada podrá mejorar, así pues se dedica a imaginar modos de suicidio eficaces en previsión de que el caprichoso satélite se estampe en otro lugar que no sea su testa.

Pero las cosas casi nunca acaban siendo como deseas. A veces resultan mejor…

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