"Yo ansiaba guardar tantos secretos como al parecer tenía ella, tales que incitaran a un hombre a descubrirlos. Pero hacía tanto tiempo que había cegado todas las entradas y salidas, que me sentía tan desprovista de sexo como un trozo de madera"

Janet Frame, "Un ángel en mi mesa"

Lo único que quería es que la quisieran, pero no encontró a nadie dispuesto a ello, ¿cómo iban a hacerlo?… Tenía la dentadura podrida, los rasgos sobrios y desgastados, las curvas desplazadas, sus ojos enjutos despedian una mirada autista, el pelo rojo ensortijado en cascada como el de los payasos de circo…

Jean Cocteau dijo que los auténticos ciegos son los que ven porque no pueden sentir la esencia de la belleza de las cosas… Tenía razón, porque Janet Frame y sus dientes podridos, era hermosa y nadie supo verlo.Sobrevivió a docenas de sesiones de electroshock cortesía de un carnicero que le diagnosticó esquizofrenia siendo en realidad extremadamente introvertida. Paradojicamente, se pudo considerar afortunada, la literatura le salvo de una lobotomía segura primero y le sacó del snake pit después.

Durante un estrambótico viaje a Europa recaló en Ibiza en donde descubrió el sexo tardío en los brazos de un poeta americano de saldo… Janet se enamoró, era inevitable, y recibió el correspondiente desengaño a su manera… en silencio.

Todo el reconocimiento que le llegó al final de su vida no le importó, continuó viviendo en una cabaña en la ladera de una colina, continuó escribiendo sometida a una disciplina espartana, continuó sola… en silencio.

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