En honor al próximo estreno de "Ask the Dust", creo que no estará mal recuperar este posteo que originalmente publiqué en mi primer blog…

Pasar una mañana comprando libros y pelis en la Fnac puede parecer un buen plan si no tienes otra cosa que hacer… peroooo horror… no caí en la cuenta de que era sábado hasta que las hordas de domingueros comenzaron a aparecer por todas partes cual marabunta… en fins que cuando trataba de abrirme paso entre la masa, sin machete que ya tiene mérito, para largarme de allí me encontré de refilón con una edición de saldo de "Pregúntale al viento" …maldición… el viejo bastardo otra vez.

Ya pagando, no se si la cajera era consciente de que manejaba material sensible: Emily Dickinson-Janet Frame-John Fante, menuda mezcla, ni la nitroglicerina es tan inestable como las mentes de semejante trío… bueno tal vez mi visa si que lo sea… no tenía saldo. Venga a rebuscar en los bolsillos los 19'50… y menos mal que apareció un billete de 20 de no se sabe donde. Bonita forma de comenzar el día y todo por culpa del italiano bocazas… por culpa de una de las mejores novelas jamás escritas, por culpa del maldito Bandini y su historia de amor desvalido con una camarera mejicana en una ciudad de Los Angeles nada angelical.

                                                                                                                Solía presumir de haber vendido cinco ejemplares de uno de sus primeros libros, y que todos ellos se encontraban en la biblioteca pública de Boulder (Colorado), su pueblo natal. No era raro encontrarle borracho en cualquier callejón de Los Angeles mientras gritaba que era el más grande escritor vivo, aunque solo le conocieran los polis que día si día también le esposaban para llevarlo a comisaría. Hijo de una novicia rescatada de la vida contemplativa por un inmigrante italiano que le juró que si se casaba con él sería el centro de su vida… ya entonces ella supo que la botella le arrebataría tal honor. Creció entre fulleros, camorristas, putas y chulos. Participó en palizas y robos, le rompieron la nariz y las costillas en varias ocasiones, todo ello mientras leía, siempre a escondidas, todo lo que caía en sus manos. Escribía con rabia, como quien le atiza a un saco de ladrillos hasta romperse la mano, esa prosa basta y directa que el llamó realismo sucio pero nadie creyó en su farol. Solo a Bukowski podía interesarle un tipo así. Le nombró su maestro sin que él tuviera noticia de ello, utilizó un alter ego (Henry Chinaski) en muchos de sus libros como ya hiciera Fante con su Arturo Bandini, y le sacó del ostracismo a fuerza de nombrarle cual mantra en cada editorial que quisiera escucharle.

No le hizo ningún favor, Fante acabó encarnando todo aquello que odiaba: Un aburguesado tipo gordo con casa en las afueras y perro. El destino no se cumplió por una vez, murió en una cama y no en una reyerta de borrachos en un bar del South Central como seguro a él le hubiera gustado, y es que al igual que un torero debe morir en la plaza si quiere convertirse en leyenda, un maldito debe huir del happy end.

Nadie escribió acerca del rechazo y del desarraigo como él lo hizo, ese fue su legado, esa fue su venganza.                                                                                      

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