Mel es grande. Sí que lo es.

No tanto porque tuviera narices (desde luego, anda sobrado en esa materia) de rodar una película muda en plena década de los setenta, ni por atreverse a parodiar tanto películas como géneros intocables, ni siquiera por saber hundirse con dignidad trabajando en películas suecas e italianas, o haciendo colaboraciones en programas de televisión que no le merecen en sus créditos.

No, no es sólo por eso. Mel es grande por haber conseguido seducir, pese a tener a la genética en contra, a una de las mujeres más hermosas (y evidentemente no me refiero sólo a su físico) que vio el cine… A cuyo lado continuó hasta que hace un año ella se marchó.

“Yo soy un tipo judío, feo y bajito de Brooklyn… Ella es una preciosa y alta italiana católica del Bronx… Somos la pareja perfecta”

Podría colocar fotos de Anne carcomida por el cáncer. Ella nunca se escondió.

Podría subir fotos de ambos con las cabezas blancas y arrugas en lugar de rostro.

Pero prefiero recordarles así…

De su obra hablaré en otra ocasión… Hoy tengo el día azul.

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