Henry Letham ha empapelado su apartamento de un modo peculiar… Ha escrito "forgive me" a lo largo de cada centímetro de pared.

Henry es un tipo extraño capaz de predecir tormentas de granizo, o de devolver la vista a ciegos de nacimiento. Un estudiante de arte que intercambia cuadros por libros sobre Tristan Reveur, venerado pintor del que nadie conoce su obra, ya que quemó todos sus cuadros antes de suicidarse a la edad de 21 años. Un maldito como él.

Y es que Henry no quiere vivir. Atormenta a Sam, psiquiatra al que visita, anunciándole la fecha de su suicidio… dentro de tres días. Y eso, para Sam, quien está enamorado de una chica con las muñecas marcadas, no resulta fácil de aceptar.

 

Henry es un apestado al que todos temen. Deambula por las calles entre niños que le señalan murmurando a sus madres "¿Ese señor va a morir?".

Incluso la camarera de la que está enamorado le rehuiría cual psicópata de saber que él la observa bajo la lluvia mientras da clases baile. De saber que Henry le ha comprado un anillo de compromiso cuando su único contacto no ha pasado de un café y un pedazo de tarta de queso servido por ella… No ha ido más allá del roce de sus manos al pagar una cuenta en la madrugada.

 

¿Acaso no sueñan los muertos? 

No les destripo más…

Podría aburrirles durante horas diciéndoles que Marc Forster sigue sin encontrar un estílo definido. Que da la sensación de tomar prestado el talento de Lynch o Roeg en escenas que parecen robadas de películas de éstos. Que resulta tanto pretencioso como fascinante por momentos. Tan sólo les diré que por una vez… nadie salió huyendo de la sala en que vi "Tránsito" ayer noche.

Y es que empezaba a pensar que tanta fuga en las sesiones en las que yo asistía era por mí… No sé, olor corporal o algo. 

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