Durante tres años, el libro que pueden ver en la foto, estuvo expuesto en la cristalera trasera de un kiosko madrileño.Durante tres años lo vi cada mañana y cada tarde al ir y volver del colegio… Siempre estaba allí, junto al segundo volumen de "Dune" y un ejemplar de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick.

Digamos que el dinero no sobraba por entonces en una casa con demasiadas bocas que alimentar… Digamos también, que las matinés de los cines y que los billares y aquellas rudimentarias máquinas de marcianos agotaban las escasas pagas de domingo.

El ritual se repetía cada día. Llegaba, mochila en ristre, a la altura del libro y pasaba las yemas de mis dedos por el cristal enrejado mientras soportaba las burlas de mis amigos quienes se burlaban de mí diciendome que al volver aquella tarde el libro ya no estaría.

… Y así fue. Una tardenoche un hueco se abrío en la cristalera. El libro ya no estaba. Había perdido la oportunidad de leer la novela en que se basaba la primera película que me hizo (literalmente) llorar. Volví a casa con una sensación de abrumadora decepción como solo un niño de 12 años puede sentir.

Y en realidad… ¿que eran 850 pts? Podría haberlas conseguido… Un mes de ahorro intensivo… puede que dos, un par de sablazos a mis abuelos o a mis tíos y habría sido mío.

El ritual se quebró… El hueco de la cristalera lo ocupó otro libro de la misma colección de saldos de Planeta, ( "¿Acaso no matan a los caballos?", qué gran película, por cierto)… Y mis manos dejaron de posarse en aquel cristal enrejado.

Pero no crean… no todo tiene porqué acabar mal. Tres semanas más tarde, el día de mi cumpleaños, mi abuelo materno me lo entregó envuelto en un papel tan rugoso que casi cortaba las manos.

Dentro, escrito con la caligrafía de zurda de mi madre, ya que mi abuelo no sabía escribir, una bellísima dedicatoria que omitiré, disculpen.

Aquella edición en rustica de Planeta de la novela de Harper Lee. Aquel libro marcado durante años por el sol (la etiqueta del precio es perfectamente visible, como pueden comprobar en la foto ) es hoy y será siempre, uno de mis mayores tesoros.

Lo siento, volví a recaer y les conté otra de esas historias personales con las que les aburrí en mi antiguo blogs. Disculpen la tontería.

Anuncios