Tiempo para repasar mi particular Top Ten vampiril…

10.- NOSFERATU, VAMPIRO DE LA NOCHEWerner Herzog

No acaba de convencerme el respetuoso remake de la obra de Murnau que Herzog trenzó con sus habituales difucultades de financiación.

Como es habitual en él, peca por exceso (y Kinski ni les cuento), lo que no le impide rebañar momentos memorables como las escenas situadas en el ruinoso (e irreal) castillo del Conde, la brutalidad de éste en su ataque a Jonathan Harker durante su visita al castillo, o escenas cuasi oniricas como la de Lucy de espaldas flanqueada por las cruces de un cementerio.

Queda pendiente sabe si el tiempo ha maltratado la cinta más de la cuenta.

9.- DRÁCULATod Browning

Excesivamente estatica, el “Drácula” de Browning es más teatro filmado que cine. Una decepción en suma, más habiendo sido realizada por el creador de “Freaks”.

De acuerdo en que el origen teatral de la pieza supone un lastre difícil de esquivar. De hecho, es patente no sólo en la puesta en escena (más que estatica, inmobil) o en guión, también lo es en la interpretación de Lugosi (provoca vergüenza ajena) para lo que que la excusa del tiempo no es suficiente excusa, si no échenle un vistazo a la muy anterior caracterización de Max Schreck en el “Nosferatu” de Murnau.

Su éxito de taquilla convirtió a la Universal en “El estudio de los monstruos”… Tal vez por ello aún sigue siendo reverenciada por muchos. No es mi caso, si bien reconozco que la nostalgia la ha convertido en una película indispensable en mi colección.

8.- DRÁCULA VUELVE DE LA TUMBAFreddie Francis

Es de la Hammer y sale Christopher Lee, que más se puede pedir… 

Vale, no dirige Terence Fisher, pero Francis resuelve la papeleta con solvencia (si bien, siempre se rumoreó que ni siquiera llegó a montar la película), apoyado en un guión agil que reune todas las virtules con que el mítico estudio inglés enriqueció la leyenda del vampiro.

Una gozada para disfrutar en una matinée de domingo. Programa doble, amigos vociferantes acallados por el majestuoso espectaculo que presencian y olor a palomitas rancias que sobraron la noche del sábado. 

Lo dicho, la nostalgia me va a matar.

7.- ENTREVISTA CON EL VAMPIRO Neil Jordan

A pesar de la infinidad de palos que recibió (la mayoría de ellos lanzados por los frikifans de las “Crónicas Vampiricas” de Anne Rice), estoy convencido de que la película del director irlandés merece una visión más generosa que la que tuvo en su día.

Jordan adoptó el lenguaje recargado de la novela de Rice introduciendo en el relato sus obsesiones acerca de la ambigüedad sexual, la moral y la responsabilidad de los propios actos. Todo ello sugerido en una atmosfera onírica deudora de su mejor obra (aquel cuento cruel, “En compañía de lobos”) que opta por un virtualismo visual nada gratuíto por muy esteticista que pueda parecer.

Y puede que Tommy no sea el mejor Lestat imaginable. Puede que Brad Pitt de una sensación blandengue que no consigue sacudirse en las más de dos horas de metraje. Puede que Antonio Banderas recree con más acierto la imagen de un perfume que la del principe de los vampiros.

Puede ser… Pero el resultado final es más que sugerente, brillante.

6.- LAS NOVIAS DE DRÁCULATerence Fisher

A falta de un conde aquí tenemos un barón.

Christopher Lee se negó a colgarse la capa por temor a ser encasillado (qué ironía) y los guionistas de la Hammer se inventaron al malvado barón Meinster, un repulsivo tipo altivo y pedante que convertiría al conde en el compañero perfecto para una tarde de bridge y té con pastas.

La línea argumental resulta tan disparatada que el hecho de hacerla creíble sólo estaba al alcance de un genio como Fisher. Institutrices francesas, lujuriosos internados femeninos y un barón edípico que gusta de navegar “a vela y a vapor” (supongo que captan el eufemismo).

Y la leyenda de Fisher se hizo más grande…

5.- DRÁCULAFrancis Ford Coppola

Se anunció durante tantos años que hubo momentos en los que pensé que nunca llegaría a filmarse, que se convertiría en otro de esos proyectos eternamente acariciados por el genio barbudo que terminan perdidos en el limbo (Megalopolis, El padrino III -Sí, ya sé que está última se hizo realidad, no me lo recuerden por favor-).

Desplegó Coppola toda su libertad e imaginación (nunca mejor dicho, cualquier parecido con el espíritu de la novela es pura coincidencia) en la reinvención del mito. Le otorgó un fatalismo romántico (gloriosos diez minutos de prólogo) que Stoker apenas esbozó en el original. Así, el Drácula de Coppola se convirtió en un monstruo a su pesar que actua contra Dios y su obra (osease, los hombres), por pura venganza de (des)amor.

El desbordado romanticismo de la película enlaza directamente con el resto de la obra de Coppola y convierte a su “Drácula” en una extensión de sus obsesiones y de su visión de una realidad nunca satisfactoria.

Y sale Keanu con su cara de besugo, Anthony Hopkins no se ve ni él en la piel de Van Helsing, un desquiciado Gary Oldman hace bueno el trabajo de Bela Lugosi en el clásico de Browning, Tom Waits resulta ser un Reinfeld más que convincente, y Winona… Ay! Winona….

En fin… Qué más da. Yo la vi tres veces en el viejo cine de mi barrio. Tenía 17 años entonces y Coppola era (y es) Dios para mí. Hoy tengo 30, sigo babeando al ver la peli y Coppola ya no dirige, ahora se dedica a fabricar vinos en el valle de Nappa… Y la vida sigue.

4.- DRÁCULAJohn Badham

Corrían los últimos años de los setenta cuando la Universal pensó en la buena idea que sería el resucitar al mayor de sus mitos, tratando de aprovechar el súbito auge del género por aquellos años.

Sin embargo, no tuvieron en cuenta que a las nuevas generaciones el tipo de la capa les producía más pena que miedo, y de que lo que en realidad demandaban eran psycho-killers a la caza de ingenuos excusionistas. 

Así, los ejecutivos de la major, pensaron en John Badham como antídoto contra un previsible batacazo taquillero. Badham, despreciado por la crítica y triunfador en taquillas, dio la vuelta al tópico y creó una fascinante película muy por encima de las más fatalistas previsiones.

De cómo el tipo que dirigió “Fiebre del sábado noche”, “Cortocircuíto” o “Colegas a la fuerza” inventó una historia tan rica en detalles y ritmo, seguirá siendo un misterio forever and ever. Pero fue así, y su revisión del clásico de Browning resultó ser muy superior al original… 

Frank Langella contruyó un Conde Drácula sutil y elegante. Hedonísta, educado, seductor e implacablemente cruel. Un personaje romántico (usando la acepción decimonónica del término) que provoca tanta aversión como atracción. Un ser que convive rodeado de mediocres en un escenario represivo (la Inglaterra victoria), y a los que supera en todos los sentidos.

En esa línea, el “Drácula” de Badham presenta a un Van Helsing (Laurence Olivier) vengativo y mediocre, a un Harker tan mediocre como el anterior y a un Seward perezoso y glotón, como la nemesis del vampiro. El guión enroca los personajes femeninos convirtiendo a Mina en hija de Van Helsing y a Lucy (sensacional Kate Nelligan) en el objeto de deseo del Conde.

Han pasado casi treinta años desde el estreno de esta versión del mito. Pero a pesar de los varapalos críticos recibidos, sigue siendo una de las más lúcidas adaptaciones de la novela de Stoker, pese a estar basada oficialmente (cuestión de derechos, ya saben) en la obra teatral que escribieran Hamilton Deane y John Balderston.

3.- DRÁCULA, PRINCIPE DE LAS TINIEBLASTerence Fisher

De nuevo esa atmosfera inquietante que te indica que algo sucederá de modo inevitable en cualquier momento. De nuevo Christopher Lee delante y Terence Fisher detrás de la cámara. Sólo se echa en falta a Van Helsing en esta nueva maravilla de la Hammer, que por tener tiene hasta la más original enesima escena de muerte del vampiro inmortal.

2.- DRÁCULATerence Fisher

La primera parte de la trilogía vampirica de la Hammer comenzó aquí…

Todo en ella es grande. Ya desde el primer fotograma de la película, que muestra un aguila de piedra desde el que la cámara desciende parsimoniosamente hasta introducirse en una oscura cripta para detenerse frente a un nombre grabado en piedra… DRÁCULA

La adaptación de la novela de Stoker es completamente fiel a ésta en su estilo, que no en la forma. Hay más sexo (siempre sugerido), más ambigüedad moral (reprimidas mujeres que se convierten en seres lujuriosos tras ser mordisqueadas por el vampiro… Per example… Los jadeos de Lucy en la cama en espera de la visita de su dueño… La expresión de placer de Mina tras regresar de un encuentro con el conde…), una inquietante puesta en escena que huye de estridencias, y un sólido casting encabezado por los que serían clásicos estereotipos de sus personajes (a su pesar) desde entonces: Christopher Lee y Peter Cushing.

No ha sido superada a día de hoy. Dudo mucho de que lo sea en el futuro. Una obra maestra…. Perdón, una obra de arte.

1.- NOSFERATU, EL VAMPIROF.W. Murnau

Da tanto de sí la peli de Murnau que hasta se filman películas sobre su legendario rodaje (vease, “La Sombra del Vampiro”).

Y es que tan monstruosa era la apariencia de Max Schreck, que hasta sus propios compañeros de rodaje le evitaban.

Pero no, no se asusten. Ni a Shreck le tenían encerrado en una habitación, ni rodaba únicamente de noche, ni era un vampiro real contratado por Murnau con la promesa de concederle el apetitoso cuello de su compañera de reparto. Aunque contarlo queda la ostia de bien. El rodaje ya fue suficientemente traumático por muchas razones, principalmente económicas y climatológicas, como para complicarlo más con seres de ultratumba merodeando por el rodaje.

Murnau se las vio con la familia de Stoker sin conseguir finalmente los derechos de la novela y creó su propio guión usando sin ningún recato el material de éste. De hecho, el cambio más significativo con respecto a la novela es el nombre del personaje (Conde Orlock).

Tras ganar la pertinente denuncia por plagio, la familia de Stoker consiguió que todas las copias del film fueran retiradas del mercado (apenas dos meses después de su estreno) para ser destruidas.

Afortunadamente su difusión fue tan amplia que fueron muchas las copias imposibles de localizar. Algunas aparecieron en Suiza, otras en Francia, algunas más en Alemania, cada una de ellas con un metraje distinto a la anterior, haciendo así crecer su leyenda de película maldita.

Crítica y el público la situaron en lo más alto de un modo instantaneo. Más de ochenta años después sigue entandolo. Sigue provocando miedo y fascinación a partes iguales en los pocos osados de cada nueva generación que se adentran en ella.

La estetica (su deuda con “El gabinete del doctor Caligari” es evidente) ha sido imitada en infinidad de ocasiones desde entonces. Sus juegos de sombras en conjunción con la enfermiza banda sonora que le otorgaron más tarde, hicieron huir despavorida a mi hermana el día en que por fin pude verla.

Y lo hice de madrugada, como debe ser. Lo hice a oscuras e inesperadamente solo, supongo que también debe ser así. Y tan grata expericencia tal vez deba agradecersela a algún funcionario despistado que no supo o no quiso requisar una película demasiado grande para arder en una pira.

  

Anuncios