Desde que era un niño, mantengo la costumbre de escribir listas, ocurrencias o cualquier cosa que pueda traducirse en palabras, en centenares de libretas que aún guardo en un trastero.

De vez en cuando rescato algunas para releer delirios y refrescar la memoria de lo que fui. En una de ellas (carpeta azul oscuro casi negro, marca centauro), encontré una de esas listas que suelen hacerse en momentos irremediablemente perdidos. 

A fecha de 13 de junio de 1997, le di un repaso a todo aquello que ineludiblemente debía hacer antes de llegar a la treintena…

Omitiré los primeros (y vergonzantes) cinco puntos, para decirles que ya nunca veré a los Yankees de Nueva York jugar en el Yankee Stadium. Ya será imposible, el próximo año derribarán el mítico lugar en dónde Jackie Robinson rompió barreras raciales. No podré sentarme en los asientos de madera en los que Marilyn Monroe se ocultó tras pañuelos y gafas oscuras, para poder ver jugar a Joe DiMaggio sin ser reconocida. Ni veré el lugar desde el que Lou Gehrig se autoproclamó "El hombre más feliz del mundo", el día que se vio obligado a retirarse porque sus brazos apenas podían sostener un bate.

No lo veré. Tampoco filmaré un largo, jamás. Nunca tendré una cita con Kim Basinger (…es lo que pone en la lista, hoy día la cambiaría con gusto por Gretchen Mol). No habrá noches locas en el Chateau Marmont en donde emular a Benicio en el ascensor en el que se tiró a Scarlett Johansson, en donde Marilyn le puso los cuernos a Arthur Miller con Yves Montant, en donde murió John Belushi…

Me da que el rancho de caballos en Australia no será. Y que no podré fotografiar Nueva York desde el World Trade Center. Tampoco regentaré mi propia tienda de café en Los Hamptons.

Y en realidad que ha sido frustante poder tachar tan sólo siete de los treinta propositos con los que fantaseé aquella tarde. Aunque reconozco que, a pesar de ser un pesimista sin solución, he aprendido a encajar las decepciones sin mayores estragos de los que pueden intuir.

Hoy, 13 de junio de 2006, cumplo 31 años. Y aunque no sea el mejor momento para hacerlo, creo que tacharé el último punto de la lista… Ser feliz, o estar en camino adecuado para serlo.

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