Aquel accidental bofetón público que un ébrio Norman Maine arreó a su esposa, sólo supuso un clavo más en un ataud ya pulido y listo para ser usado…

No he visto tal dramatismo en una pantalla desde entonces. Se siente el bofetón como si los que espiamos del otro lado lo recibiesemos en nuestras mejillas. De nada sirvió que Vicky Lester quitase hierro al accidente.

De hecho, para ella nunca ocurrió. Sin embargo, para él nunca existió nada antes. Ni siquiera aquella luna de miel en una caravana, que ambos juraron no olvidarían jamás.

Buena suerte, Norman. Allá donde el océano te haya llevado…

Speaker: Señoras y señores, con ustedes… Vicky Lester…

Vicky Lester: "Hola a todos… Soy la señora de Norman Mailer".

Sólo con recordar ese final se me ponen los pelos como escarpias. Qué bueno… Dios.

 

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