Este hostiable tipo que debió surgir del más profundo recoveco del averno, parece haberse convertido en el paradigma de todo aquello que la masa considera molón (o cool, expresión desgastada, sí… Hace tiempo que dejé de actualizar mi diccionario de lenguaje suburbano).

La torpeza de los guionistas (más interesados en superficiales tramas pseudo-policiales y en inventar frases hirientes que en dar consistencia a los personajes) ha impedido que le partan la cara con frecuencia (algo que pide a gritos y hubiese hecho aumentar la audiencia), tan sólo un par de amagos llegaron a rozar su acartonado rostro. Da igual que desprecie a una mujer obesa, que se burle de un onanista excesivamente fogoso, o que haga chistes sobre un moribundo en la propia jeta de sus familiares, haga lo que haga, será vitoreado como un ejemplo de franqueza y brutal sinceridad.

Y probablemente, si los que le vitorean sufriesen sus dardos, dejarían de hacerlo. Probablemente no. La cultura imperante siempre fue la de la luz, poco importa que ésta sea oscura, el rebaño siempre se dirijirá hacia la luz más intensa.

Lo que nunca hubiesen imaginado los creadores de esta más bien mediocre serie (intenten distinguir un episodio de otro), esta especie de CSI ambientada en un hospital, es que conseguirían lo que nadie más ha conseguido en este país, unir a sus regañados habitantes.

Y es que fue necesario que "Variety" publicase un artículo en el que mostraba su perplejidad por el éxito de la serie en España, para que hordas de sus ofendidos seguidores, defendieran el orgullo patrio todos a una… like Fuenteovejuna.

En fin, esto es lo que hay. La serie podría ser mucho mejor si se cuidase de algo más que de cubrir de gloria a su ubicuo protagonista en tramas siamesas imposibles de distinguir unas de otras.

De momento ahí seguirá el superhombre sin bata blanca. Capaz de curar a un enfermo incluso cuando se equivoca. Capaz de quitarle la pelota a un niño incordión o de cuestionarse si es ético o no acostarse con su ex… Capaz incluso de mostrar compasión, por supuesto sin atisbo alguno de pasteleo grimoso.

Y es que en el fondo, parece que el mago de Oz le dotó de corazón, sólo que él aún no lo sabe.   

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