Mi añorado Carl Sagan cuenta en “La conexión cósmica”, brillante libro divulgativo (al estilo Sagan, osease, una porquería para la ciencia oficial), cómo se produjo su peculiar encuentro con Kubrick.

Al parecer, Sagan fue invitado a una cena por Arthur C. Clark quien solicitó de su ayuda para resolver un grave problema surgido durante la redacción de un guión que estaba desarrollando junto al pirado neoyorkino. Se trataba de “Viaje más allá de las estrellas”, poco convincente título que Sagan sospechó sería sustituído más adelante por otro más atinado.

Sagan se presentó en el estudio que Kubrick tenía en Nueva York dispuesto a echar una mano en lo que le fuese posible. Así, tras una agradable cena en la que Sagan se llevó una grata imagen del director, le plantearon el problema como sigue…

“Aproximadamente a mitad de la película, una nave espacial dirigida por el hombre se acerca bien a Amaltea, el satélite más interior de Júpiter, o a Yapeto, uno de los satélites de mediano tamaño de Saturno. Cuando la nave espacial se aproxima y se hace visible en la pantalla la curvatura del satélite, nos damos cuenta de que éste no es una luna natural. Se trata de una artefacto de alguna civilización pujante y muy avanzada. De repente, aparece una abertura en un lado del satélite y, a través de ella, vemos… estrellas. […] La abertura es una especie de puerta espacial, un camino para ir desde una parte del Universo a otra, sin tener que recorrer distancia alguna. La nave atraviesa esta especie de puerta y surge en las cercanías de otro sistema estelar, en cuyo firmamento brilla, fulgurante, una estrella gigantesca. Orbitando al gigante rojo, hay un planeta, sin duda asiento de una civilización tecnológica. La nave se aproxima al planeta, desciende sobre él, y luego… ¿qué?…”.

Lo que el famoso escritor de sospechosos gustos sexuales y Kubrick solicitaban de Sagan era un extraterrestre. En otras palabras, necesitaban saber qué forma tenían los extraterrestres.

Kubrick le mostró entonces las posibilidades estudiadas hasta entonces. Alguna de ellas, grotesca. Per example, se pensó en un bailarín ataviado con un maillot negro de cuerpo entero con notas musicales de polka cubriendo su cuerpo (no, no es broma). También se pensó en una representación surrealista de la inteligencia extraterrestre. Posibilidades que no entusiasmaron a Sagan.

Éste les advirtió que era poco probable que existiesen en el Universo seres lejanamente parecidos a nosotros, dadas las condiciones individuales de cada sistema solar. Así, Sagan propuso sugerir a los seres extraterrestres en lugar de retratarlos de un modo literal. Una posibilidad sería entonces representar a éstos tal y como los vería la tripulación terrícola usando formas humanas a modo metafórico.

La idea no pareció interesar a Kubrick, y Sagan se despidió disculpándose por no haber resultado de gran ayuda en el proyecto.

Tres años más tarde se estrenó “2001: Una odisea en el espacio”. El éxito fue clamoroso. La crítica la situó de inmediato como referencia de futuras obras no sólo de ciencia-ficción. En concreto, se alabó la delicadeza y brillantez con las que Kubrick mostraba delicadas cuestiones… como la vida alienigena. Incluso la crítica soviética, que consideraba al cine americano decadente y superficial, consideró que la idea de usar humanos para representar seres de otra especie fue brillante.

Una vez más, Kubrick cargó con los méritos, y en los créditos de “2001…” no se hizo una sóla mención a Carl Sagan.

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