Acaba de amanecer en el infierno…

El infierno existe, se llama Lille… Su invierno gris y terrible, sus deprimentes barrios obreros, sus fábricas monstruosas que circundan la ciudad como gárgolas que la protegen de la luz.

Una chica, casi una niña, intenta vender sin demasiado éxito falsas postales fabricadas por ella misma. Ella es Julie, que encuentra en uno más de sus trabajos precarios a Marie, tan perdida como ella sólo que más quebrada, más rota.

Marie vive "de prestado" en la casa de una moribunda pero le da igual, esto no le altera, ya apenas puede sentir. Julie le trae no solo aliento, también amor, amor cómplice y fraternal, tanto que parece renacer de entre la bruma. 

Julie no conoció a su padre, Marie recibió zarpazos en lugar de caricias. Los Ángeles también sueñan, sueñan con padres que les abracen y con cielos azules, pero en Lille el cielo siempre es gris.

Después de entregarse a patanes y a trabajos basura, Marie cree encontrar su paraíso, pero es tan quebradizo como el hielo… Julie también encuentra el suyo, tan doloroso o más aún: el diario de Sandrine la niña en coma antigua habitante de la casa.

En su búsqueda, serán conducidas al estado más puro del dolor, a la deserción de Marie y finalmente a la rendición. Los Ángeles sueñan con ser humanos, sueñan con amar, vivir y morir como ellos y a veces terminan ganando la partida. 

Con la mirada ausente, Julie, sentada, observa el escenario de su nuevo empleo. Mira a sus compañeras. Todas sentadas… todas con la mirada ausente… todas alguna vez fueron Ángeles…

 

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