“Hablar constantemente no significa comunicarse”

La chica del pelo azul que luego fue naranja. La chica del tren, que te mira de reojo en un vagón semivacío. La misma chica del gélido andén que creíste intentaba acercarse a ti.Pero no puede ser, porque tu no eres la clase de tipo al que le ocurren cosas así.

“¿Por qué siempre termino enamorándome de cualquier mujer que me presta un poco de atención?”

Claro que sería genial trabajar inventando nombres cursis para tintes de pelo. Y el naranja sería “Atardecer en Maui”. Y el azul “Océano Profundo”. Y ella está a mi lado, hablando de colores y de tintes, y de lo divertido que sería esto y aquello.Y no quiero mirar por la ventanilla, como hago cada día, por no despertar del sueño, por no darle la impresión de que me aburre, porque no es así. Me gusta hablar de colores. Aunque en mi vida predomine el gris, aún puedo recordar los azules.

“No sé, no sé lo que me ocurre. Estoy perdida. Estoy asustada. Siento como si desapareciese. Nada tiene sentido para mí, ningún sentido”

Quisiera que el sofá donde está sentada no fuese mío. Y que este apartamento tuviese más ventanas… más grandes. Que el vino barato que bebemos fuese champagne. Quisiera saber por qué me resulta tan familiar. Por qué al tocarle la mano por primera vez sentí la sensación de estar en casa.

Y a las cenas les seguirá el sexo. Y dormiré junto a ella. Y despertaré junto a ella. Y las salidas a cualquier sitio, a cualquier hora. Las cenas en restaurantes baratos. Y las llamadas de teléfono, que ya no harán serán. Y sus libros y su ropa… y ella, estarán junto a mis libros y mi ropa. Y ella. Y yo. Y la cama junto al mar, entre la nieve…

Pero el dolor siempre llega. No necesita motivo, ni invitación. Simplemente se instala dentro de ti y comienzas a odiar a quien más quieres. Nadie tiene la culpa, simplemente sucede. Y ella se irá. Y con ella sus libros y su ropa. Y no volverás a verla… nunca más. No volverás a verla…

Freírse el cerebro no es una mala solución en casos de dolor extremo. Sé que era ella y me he dado cuenta de que la he perdido.

Lacuna Inc. Un par de sesiones de lobotomización dirigida y volverás a ser feliz. Prometen el borrado total de recuerdos dolorosos que desees olvidar. Nada más, el resto permanece ahí: El primer beso, la primera humillación pública, los cachetes que te daba tu madre cuando mangabas galletas, los findes en la casa de la playa de tu mejor amigo, los tiempos muertos en el metro al ir al trabajo… Sí, todo se mantendrá. Todo seguirá, menos ella.

Pero lo que no saben en Lacuna Inc., es que la lógica no existe, ni el azar. Que en tu buzón, lleno de panfletos de restaurantes chinos, puede haber una carta anónima que te devuelva a la luz. Que una enfermera puede recordar al volver a amar. Que si esto era autentico, volverá a ocurrir. O puede que después de todo los de Lacuna hagan bien su trabajo…

Esta mañana he conocido a una chica con el pelo azul, de vuelta a casa, en el tren. Hemos hablado de tintes y de colores y no sé, pero al tocarle las manos, he sentido la sensación de estar en casa…

“Podría morir ahora, no me importaría. Soy feliz… simplemente soy feliz. Nunca había sentido esto antes. Este es el lugar… el lugar en el que quiero estar”

Alex Martes, 30 Agosto 2005 04:31

Sí, ya sé… Me estoy poniendo pesadito subiendo viejos posteos, pero como ya les dije, este blog será, a modo de trilogía, el tercero y último. Así que, tendrán que aguantar esta antología del disparate mientras esto dure.

 

Además, nunca es mal momento para hablar de semejante maravilla. Pocas veces se ha retratado de una manera tan real algo tan irreal como es el que dos personas necesiten estar juntas. Ésta es una de ellas.

 

 

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