No, no se asusten. A Charlie nunca le dio por vestirse de corto y marcarse unas sevillanas. No va por ahí…

Resulta que hay escritores con suerte en las adaptaciones cinematográficas de su obra… y ninguno de ellos se llama Charles Bukowski. Porque de su extensa obra, apenas se han filmado una veintena de películas. Y tan sólo una merece llevar su nombre en los créditos.

El último intento, “Factotum”, no es que haga aguas por todas partes, es que un torpedo debió inutilizar el barco antes de zarpar. Una simple sucesión de poses y frases huecas que nada dicen, que a nadie importan.  

Del resto la más conocida es “Barfly”, rodada con triste apatía por un tipo de prestigio, Barbet Schroeder, quien tuvo a sus ordenes a un atinado reparto que no pudo evitar el sopapo final.

Como les decía, sólo una de sus adaptaciones le merece en sus créditos (en realidad parece que son dos, se cuentan maravillas de “The Killers”, mediometraje rodado para la televisión, que no he visto), y esa película es… belga.

Belga y hablada en flamenco… “Crazy Love” cuenta la historia de tres noches puntuales en la vida de Harry Voss. Dirigida por Dominique Deruddere, adaptó un cuento del escritor con la intención de rodar un corto que a la postre terminó siendo la única película basada en alguno de sus escritos que entusiasmo al viejo alcohólico. Hasta el punto de que éste permitió al director belga tomarse todo tipo de licencias ala hora de adaptar su historia…

Y esta es la historia de Harry Voss…

Harry cree en hadas y principes. Le han enseñado que los sueños pueden convertirse en realidad si realmente lo deseas de un modo honesto. Y él lo hace… Aún tiene doce años, pero desea amar con toda su alma. Quiere dejar de besar la muñeca que le robó a su vecina para hacerlo con esa chica de su clase que no cesa de mirarle…

Harry aún no está preparado para salir ahí fuera, pero él no lo sabe. Intenta olvidar la noche en la que vio a su padre moviendose frenéticamente sobre su madre al tiempo que gemía como si su cabeza fuese a explotar. Más difícil le resulta el olvidar las enseñanzas de un amigo pajillero que le descubrirá todo un nuevo universo… el mundo de Onán.

Cinco años más tarde, Harry no cree en nada. El acné que le acompleja y que revienta su cara provoca que tenga que asistir al baile de fin de curso con la cabeza vendada como un mutilado de guerra. Y las chicas se burlarán de él, le rechazarán, le ignorarán… todas menos una, la más guapa de todas ellas.

Probablemente llevada por la piedad, ella bailará con Harry, incluso puede que hubiese estado dispuesta a llegar más lejos, si no se hubiese emborrachado, si no hubiese perdido la consciencia… Situación que Harry aprovechó para perder la poca inocencia que le restaba.

Con 33 años encima, Harry pasa sus días bebiendo vino camuflado en bolsas de papel. Vive envuelto en plásticos y cartones. De algún modo perdió todas sus posesiones materiales al tiempo que las espirituales. Un giñapo al que nadie quiso jamás. Un borracho sin más objetivo que alargar su agonía un día más. Es un perdedor y a nadie le importa.

Por eso ha decidido suicidarse esa misma noche. Pero antes de morir podrá al fin conocer lo que le a sido negado toda su vida.

Lástima que aquella preciosa chica muerta de la morgue que tuvo en sus brazos en su última noche, tan bonita, apenas una adolescente… Nunca llegase a saber que ella fue la única chica, la única persona, que no le rechazó.

  

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