… Ah sí, fue Norman Mailer… Que le den…

Las nuevas generaciones no lo saben, las viejas lo han olvidado, pero hubo un tiempo en el que el tío Clint fue considerado un fascista peligroso con un talento equiparable al del agresivo orangután que le acompañó en un par de (vergonzantes, cierto) películas.

La ceguera… Que digo ceguera, la estupidez de aquella manada de críticos que ignoraron “Primavera en otoño”, “El fuera de la ley” o “Honkytonk Man”, era tan profunda que terminé dando por cierta aquella frase dedicada a ellos en “Nueve semanas y media”; “…Escribe sus críticas metiendose un lapiz en el culo, después lo menea”.

Clint cantó, y creó una emotiva película que alcanza su cumbre cuando, con la boca llena de sangre, canta la canción que da título a la película… No volverá a cantar. Ni su hijo a verle. Ni nosotros escucharémos jamás una versión equiparable a ese “Honkytonk Man” que un tipo duro cantó en “El aventurero de medianoche”.

 

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