En una ocasión, uno de los sufridos oyentes de Carlos Pumares le preguntó algo que sonó así…

“¿Por qué “Cristobal Colón, de oficio descubridor” no funcionó en taquilla?. Salvo Fernándo Esteso, tenía los ingredientes habituales de aquel tipo de películas”

A lo que el enano cascarrabias contestó…

“Aaaaahhhh… Faltaba los más importante. El toque Ozores”

El toque mágico. Eso que popularizó Lubitsch o Clara Bow. El famoso “it”. Ese algo que o se tiene o no se tiene.

Y Pixar lo tiene…

Da igual lo que hagan. Podrían colocar una pantalla en blanco durante dos horas que todo el mundo abandonaría la sala con una sonrisa de oreja a oreja. Y de hecho, es eso lo que llevan haciendo veinte años.

Una y otra vez repiten la fórmula. Cambian ingredientes para cocinar la misma receta… y funciona. La misma estructura, el mismo ritmo, los mismos personajes con distinta carcasa, hasta las mismas melosas canciones del mismo insufrible tipo… Randy Newman (ya tiene su Oscar, no… pues que jubilen a este tipo ya, por favor…).

Sobre el papel, no hay nada que haga mejor película a “Cars” que a “Vecinos Invasores”, pero el resultado final contradice esa afirmación. Las risas en la sala son más y suenan más autenticas, las caras de la gente parecen más embobadas con el coche creído que con el mapache golfo, incluso el ruído de las palomitas cesa antes.

Y no sé qué es eso que tiene John Lasseter. Supongo que es el famoso toque mágico. La varita invisible que en realidad sólo maneja en los soberbios cortos que preceden a sus largos.

Pareciera como si todo el genio de Pixar se concentrase en los cincos minutos que preceden a sus películas. Sus cortos lo tienen todo, desde saludable mala hostia hasta ingeniosos finales que rehuyen sermoneantes moralejas. En lo que se refiere a “Cars”, poco que contar. Vuelven a crear su propia mitología, un mundo de coches pseudohumanos con universo a juego, tomando como punto de partida la peripecia de “Doc Hollywood” (no sé si conocen la película… Prometedor y arrogante médico neoyorkino viaja a L.A. con objeto de trabajar en una clínica privada de cirugía estética. Decide hacer el trayecto en coche, lo que le llevará a un peculiar pueblo de un condado perdido del profundo sur, en dónde deberá pagar con horas de trabajo una valla destrozada por su flamante deportivo… Durante las semanas de condena, aprenderá a conocerse a sí mismo, a ser generoso, a valorar a los demás… En dos palabros… Se humanizará).

Después, adornan todo esto con otras historias ya contadas sobre el tipo borde que cae en pueblo singular y termina concienciandose, cambiando su vida y la de los demás (Doctor en Alaska, Footloose, Local Hero… y mil más).

El toque Pixar consiste en colocar sus perlas estrategicas en medio de esta historia. Algunas de ellas, geniales… y no, no me refiero a los tractoresvaca…, me gustaron más las moscascoche.

Imagino que el resultado del cocktail será el habitual… 300 millones de dólares de taquilla mundial sin contar merchandising, ventas, alquileres… Y si además, los críticos no hacen sangre… mejor que mejor.  

Disfrutenla… Yo me lo pasé bien, pese a lo previsible de la función… Aunque, recordando al iracundo canoso del que les hablé al principio del posteo, creo que me lo pasé mejor oyéndole gritar aquello de….. FIBERGRAN!!!

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