Dicen que el mayor logro conseguido por el diablo fue el de convencer al mundo de que no existe… Bien por Jerry, podrá seguir esparciendo el mal sin problemas el resto de su vida.

Puedes contar mil veces la misma historia y seguirá pareciéndole nueva a quien la escucha, si eres hábil al hacerlo… Los guionistas y creadores de CSI no están en ese grupo.

Y no es ya que la serie repita como el ajo, que la estructura de sus capítulos apenas varíe de uno a otro, o que los personajes (fijos u ocasionales) sean tan tópicos como previsibles. No es eso, es mucho más…

Es la insufrible moralina que emanan sus capítulos (algunos comentarios de sus personajes son tan reaccionarios como el mejor discurso del Fürer), juicios de valor fuera de lugar que increiblemente les cuelan a una audiencia mayoritariamente jóven y descreída que por sistema despreciaría cualquier moraleja implicita que les llegase en cualquier otro formato.

Es también la reiteración en el error… parecen no darse cuenta de que dos errores no suman un acierto al insistir en tramas fotocopiadas que tan sólo buscan el más difícil todavía final… ese ale-hop que justifique una larga hora de nada con una sorpresa final que deje boquiabierta a su lobotomizada audiencia.

Es, por último, lo estúpido de unos diálogos creados por aburridos guionistas que ya no saben que inventar para mantener satisfechos a sus jefes, por lo que recurren al viejo recurso de la violencia (cuanto más gratuíta y menos justificable, mejor), o las imágenes desagradables a la vista y tacto, en busca de provocar nauseas a una audiencia curada de espanto.

Y es que soportar durante años con esas imagenes sincopadas dignas del peor videoclip del grupo pop de moda, sin tener necesidad de dibujar a sus personajes, tiene mérito. Nada se sabe (más allá de lo superficial) de sus protagonistas.

De unos se sabe de su ludopatía, de otros su pasado como stripper, de alguno más se esboza su presumible soledad no deseada. Sin embargo, son sólo sombras que dan la impresión de no interesar a nadie. Tan sólo parecen haberse molestado en inventar a Grissom… Carismatico y generoso. Cínico y consecuente. Contradictorio y firme. Humano. Tal vez por ello, él sea la razón de ser de un CSI que sin su presencia se hundiría en cuestión de semanas.

Si bien, no parece que la franquicia corra peligro. Sus tentáculos se han extendido hasta la costa este, por partida doble además (no he visto la versión neoyorkina, la de Miami provoca vergüenza ajena). No sólo eso, han conseguido que Tarantino imprima su nombre en uno de sus capítulos. Además, las audiencias les respaldan y las críticas negativas excasean (quiero creer que por falta de valor ante un presumible linchamiento virtual…).

Y Jerry es feliz con sus opulentos bolsillos llenos de dólares. Y por ende, si Jerry es feliz, el diablo también lo es… Como amigos y residentes en California que son.

 

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