Peter Bogdanovich acababa de publicar su monumental e imprescindible libro “John Ford” para el que había conseguido entrevistarse durante semanas con el viejo irlandés, algo milagroso teniendo en cuenta la fobia de éste hacias las entrevistas. Lo presentó en una universidad californiana, en donde se dieron cita grupos de jóvenes pertenecientes a grupos de ideología anarquista con intención de boicotear el acto. Apenas había terminado Bogdanovich su discurso de presentación, uno de los miembros del grupo comenzó a abuchearle al grito de fascista.

“¿Quién es un fascista?”, preguntó el director… “Ford. Es un fascista reaccionario. Un retrógado mataindios”, le constestó el alterado manifestante.

“¿Cuántas películas ha visto usted de Ford?”.

“Dos o tres”…

“Yo he visto las 145 películas que dirigió. Es más, le conozco personalmente y le puedo asegurar que no es un fascista. Le recomiendo que se documente antes de lanzar acusaciones”.

Nadie volvió a armar bronca en lo que restaba de acto.

Aquel fascista que ayudó a la República Española durante la guerra civil, tuvo también una famosa anécdota que ilustra su carácter reaccionario…

Durante la caza de brujas, Joseph Leo Mankiewicz era el presidente de la liga de directores. Se extendió el rumor (en una época en la que un rumor suponía una certeza) de sus simpatías por partidos socialistas (cosa cierta, por otra parte), lo que provocó que se formara un complot para desacreditarle, arrebatarle la presidencia y Dios sabe qué más…

La reunión se celebró con todos los miembros de la liga presentes. Un taquígrafo se encontraba en la sala con el fin de tomar nota de todo cuanto se allí se dijera (osease, para que McCarthy y Cohn tuviesen idea de a por quién ir…), con lo que se pidió que todo el que pidiera la palabra debía identificarse antes. El grupo de Cecil B. De Mille (hablando de fascistas, toma dos tazas…) atacó con dureza a Mankiewicz sin que nadie se atreviera a alzar la voz para defenderle. Cuatro horas interminables después, De Mille creyó finiquitar el asunto con un último gran discurso… En ese momento, Ford levantó la mano ante la sorpresa general…

“Me llamo John Ford. Hago películas del oeste”. Acto seguido, elogió las películas de De Mille… “No creo que haya nadie en esta sala que sepa mejor lo que quiere el público americano que Cecil B. De Mille, y desde luego, él sabe darle lo que quiere”… Después, mirando fijamente a De Mille, dijo… “Pero no me gustas, C.B. Y no me gusta lo que has estado diciendo hoy aquí. Propongo que demos un voto de confianza a Joe y nos larguemos a dormir”.

Mankiewicz fue ratificado por amplia mayoría. Al terminar la votación, nadie se levantó hasta que el viejo irlandés lo hizo; Y no fue hasta que atravesó la puerta de salida, cuando todos desfilaron tras suyo.

Anuncios