No fue la preproducción de “Lolita” la más compleja a la que se enfrentó Kubrick, sin embargo, la confección de su casting fue muy laboriosa. Apenas dos meses antes del comienzo del rodaje, aún no era seguro quién daría vida a Humbert Humbert.

La primera opción del pirado fue siempre James Mason, actor de gigantesco talento conocido además por su estricta profesionalidad. Mason, con 52 años cumplidos, creía haber llegado al final de su carrera como actor protagonista. Unan esto a la desazón del envejecimiento, el hecho de estar viviendo un traumático matrimonio que amenazaba con desmoronarse en cualquier momento y la aventura secreta que mantenía con una jovencísima actriz y obtendrán a un tipo lo suficientemente confuso como para interpretar el papel de Humbert.

Y fue precisamente eso último (además de su imagen ajada y decadente) lo que atrajo la atención de Kubrick. ¿Quién mejor para dar vida a Humbert que alguien que estaba viviendo un romance intergeneracional similar al mantenido por el profesor suizo que inventara Nabokov?.

Mason, encantando en un principio, declinó la oferta poco después ya que se encontraba inmerso en la producción de un musical de Broadway que prometía ser tan exitoso como fuera “My Fair Lady”. De hecho, llevaba meses tomando clases de canto.

Tras el fracaso, James B. Harris y Kubrick le ofrecieron el papel a Laurence Olivier, quien se mostró muy interesado en él. Es más, lo aceptó durante una reunión mantenida con el dueto formado por el productor y el genio zumbado. Olivier, al igual que Mason, mantenía un romance con una nobel actriz (Sarah Miles) 20 años más joven que él, algo que no era un misterio para Kubrick, quien consideró esta circunstancia muy importante para aspecto interpretativo. La alegría duró poco esta vez. Aquella misma tarde, Olivier se entrevistó con Kubrick para comunicarle que rechazaba el papel por (encubiertas) cuestiones morales.

Aún se tocaron dos opciones más; Peter Ustinov y David Niven. Ustinov fue descartado por ser excesivamente buen actor. Así, como suena. Kubrick consideró que su interpretación superaría al papel y terminaría por condicionar la película. Harris tampoco lo consideró adecuado por una razón diametralmente opuesta… Ustinov era gay. Algo que probablemente habría repercutido en la (falta de) química que se suponía debía surgir entre Humbert y Lolita.

Finalmente se intentó con David Niven. Sorprendentemente el actor británico aceptó el papel… para rechazarlo días más tarde aduciendo problemas de calendario.

Fue curiosamente el mismo día en que Niven rechazó su participación en “Lolita” cuando James Mason telefoneó a Harris para hacerle esta sencilla pregunta… “¿Sigue por casualidad el papel disponible?”.

Por contra, el papel de Quilty no fue difícil de asignar. Siempre hubo un candidato claro, Peter Sellers.

Sellers, a sus treinta y seis años, estaba a punto de convertirse en una estrella a nivel mundial. Kubrick llegó a sentir gran aprecio por el cómico inglés, ya que compartía con él circunstancias vitales como el haber abandonado la escuela jóvenes, el haber tocado en grupos de jazz, la pasión por la fotografía y una adolescencia turbulenta.

Kenneth Hyman les presentó y desde aquel día trabaron una compleja amistad que compartirían el resto de su vida. Y no crean que era fácil ser amigo de Sellers. Hermético y distante en su vida privada, la única relación de la que presumía era la de ser amigo íntimo del altivo Alec Guinness, nivel de intimidad que éste último nunca compartió.

Sobre su voluble carácter cuando no se encontraba frente a una cámara, Kubrick contó cómo, tras ser invitado por Sellers a su gigantesca mansión de Chipperfield, no presenció una sola muestra de cariño del actor hacia sus dos hijos. Es más, apenas les dirigió la palabra tanto a ellos como a su esposa Anne, en las dos semanas en que Kubrick fue su huésped.

Lo cierto es que Sellers deseaba con ansiedad triunfar en los States. Aún recordaba la humillación a la que fue sometido por director Mike Nichols durante una recepción que le fue ofrecida tras el estreno americano de “El quinteto de la muerte”. Sellers era así, obsesivo con los pequeños detalles, hasta el punto de no olvidar esas pequeñas humillaciones que cualquier otro habría pasado por alto.

Así pues, el actor británico no se lo pensó cuando le ofrecieron el papel. Lo aceptó de inmediato, pensando en que un rol dramático basado en una novela de culto le proporcionaría el estatus intelectual que tanto deseaba.

Pero el gran reto fue el encontrar a una Lolita que resultase creíble. Cuestión complicada teniendo en cuenta la férrea censura que controlaba la producción cinematográfica de la época.

Harris insistió a Kubrick de la necesidad de contratar a alguien conocido para darle vida. Algo con lo que el pirado neoyorkino nunca estuvo de acuerdo. Sin embargo, no se opuso a darle una oportunidad a la actriz adolescente de moda en aquella época, Tuesday Weld.

Weld había superado un problema con el alcohol y las drogas, amén de fuertes depresiones que le llevaron a un intento de suicidio, circunstancias que Kubrick consideró suficientemente importantes para negarle el papel, dado que él buscaba lo que definió como “una niña aún no contaminada por la vida”.

En esta situación se pusieron manos a la obra realizando castings por toda la geografía norteamericana. Kubrick llegó a acumular 800 fotografías de posibles aspirantes al papel, si bien ninguna de ellas le convenció. Fue entonces cuando una mañana de junio llamó a Harris con visible alteración; “Vi a una chica hace unos días. No había pensado que sirviese pero la vi anoche en el show de Loretta Young y era buena. Deberíamos volver a verla, Jimmy. Creo que es ella”.

Y así fue…

Sue Lyon era un niña de 14 años crecida en Iowa, que llevaba apenas un año trabajando en publicidad y ocasionalmente en televisión cuando se presentó al casting de “Lolita”. Después de rebuscar su foto (tras la revelación televisiva), Kubrick la incluyó en la lista de posibles candidatas que regularmente le presentaba a Nabokov. Y fue el escritor quien rubricó su decisión al ver la fotografía cuando dijo… “No hay duda, es ésta.”

Aquella misma tarde fue contratada.

Y así fue como se gestó el casting de “Lolita”. Más tarde, durante el rodaje, hubo más y peor… Filtraciones, discusiones, interés desmedido (y no correspondido) de Sellers por las curvas de Sue Lyon, interés disimulado (y no correspondido) de Lyon por Kubrick, educadas distensiones entre el escritor y el director, enormes problemas con la censura (entre otras muchas propuestas, quisieron casar a Humbert y a Lolita para legitimar su “pecado”), presiones presupuestarias…

Y más… Mucho más. Pero eso es otra historia, y ya saben lo que dijo Truffaut sobre el tema: “Hacer cine consiste básicamente en resolver problemas.”

Anuncios