Renovación, renovación… es por lo que clamaban los comiqueros de todo el mundo ante el retorno del hombre de acero.

Y yo me pregunto, ¿renovar qué?.En qué consiste la renovación. ¿En cambiarle el traje para colgarle uno más cool, más acorde con esta época? ¿Tal vez en remover sus motivaciones para convertir en humano a quien no lo es? ¿O puede que debamos actualizar a un heroe marchito con el fin de no provocar su muerte?… como ya ocurrió en el papel coloreado.

Algunos aplauden que Singer haya convertido en vulnerable al superheroe, cuando en realidad siempre lo fue. Otros se sienten distantes de él por el escaso conflicto interior que demuestra, olvidando que sufre el mayor de los estigmas, el de ser diferente. De hecho, Spiderman, Batman o The Flash son humanos… Él no. ¿Qué puede haber más traumático que vivir siendo el único de tu especie? ¿Siendo el diferente en un mundo poblado de extraños?.

En lo que todos coinciden con respecto a este resurgimiento, es en las constantes referencias (reverencias) a la película de Donner. Nada bueno puede esconder que para juzgar tu película se recurra a otra rodada hace 30 años. Sin embargo en esta ocasión está más que justificado.

Singer toma como suyos los conceptos estéticos y argumentales de la peli de Donner. Lo hace con respeto y mirando hacia delante sin negar las raices que hicieron crecer al mito. Incluso Brando aparece en una ocasión para recordarnos el génesis de esta fantasía. No sólo el gordo actor lo recuerda, también suena la partitura de John Williams a todo pulmón. Hasta las calles de Metrópolis parecen desprender las mismas sensaciones que en el original del 78.

Es entonces cuando el director coge la manija y comienza a dibujar su versión del asunto. Se le va la mano con frecuencia, algunas escenas son despiadadamente ridículas… Otras, son sublimes, generalmente aquellas que pasan desapercibidas, como la del hombre de acero sobrevolando metropolis desde el punto de vista de cualquier anónimo lugareño, escena que hace sentir al espectador la misma sensación de un niño presenciándo por primera vez un dirigible que atraviesa a ras de suelo las calles de su ciudad. Eso es emoción y Singer lo sabe, como sabe que debe administrarla con prudencia porque como es sabido la mágia se consume en pequeñas dosis.

Es el reparto el único reproche que puede hacerse a este ansiado retorno. Se me hace la boca agua imaginando a Parker Posey con diez años menos metida en la piel de la borde periodista enamorada del alienigena vestido de azul y rojo. Bien haría Kate Bosworth en dedicarse a esas películas surferas que tan bien se le dan. Más parece recien salida de un anuncio de perfume de Calvin Klein que una feroz periodista con el sarcásmo y la decisión como principales armas.

Tan poco convincente como ella resulta practicamente la totalidad del casting. La ajada Eva Marie Saint se limita a poner la misma cara de sorpresa que se le debió quedar al saber que le habían ofrecido el papel que tan eficazmente interpretara la olvidada Phyllis Thaxter en el original. El estupendo Frank Langella se esfuerza en vano en luchar contra la física, y Kevin Spacey resulta tan creíble en el papel de Lex Luthor como lo sería Mr. Potato. Sorprendente esto último, pues a Spacey le sobra talento y carisma… En esta ocasión he podido apreciar que también desgana.

Punto y aparte merece el muy discutible Brandon Routh. Sus escenas con la Bosworth carecen de todo atisbo de química, en parte por la antipatía mutua que al parecer se profesaron durante el rodaje. No es escusa, pero merece tiempo y creo que se lo darán. Recuerden que Christopher Reeve sufrió las mismas descalificaciones… después el tiempo le dio la razón para convertirle en el mejor Superman imaginable. Tiempo pues…

La serie degeneró hasta desaparecer. Tras la brillante primera parte, Richard Lester se hizo cargo de un barco difícil de maniobrar y al que estuvo a punto de hundir. A la salvable e interesante segunda parte, le siguió una autoparodia que pretendía salvar la saga pero que terminó convirtiendose en un vehículo al servicio de Richard Pryor. La cuarta entrega no existe, no pregunten por ella.

Así pues, este retorno era necesario… Aunque sólo fuese porque el tipo que se sentaba a nuestro lado se ganase un beso de su chica tras ilustrar a su deslumbrada acompañante con frases como esta; “Le sobra densidad… Necesita más acción”… Seguramente la acción que él consiguió más tarde con tan brillantes comentarios.

Decía Burt Bacharach que el mundo necesita amor… Añado que también sueños y esperanza, y también tipos disfrazados que puedan proporcionarselos a quienes carecen de ellos.

Vuela entonces Superman… y no la cagues permitiendo que Luthor la palme en esa microisla… como los estúpidos productores (o quien quiera que sea el responsable) lo hicieron al incluir un postumo homenaje a Christopher Reeve y a su esposa Dana, recientemente fallecida, en el último fotograma de la cinta… cuando en la sala sólo quedabamos cuatro personas. Qué bonito gesto, sí señor… Bravo!!!…

Anuncios