En estado shock.

Resulta que mi novia comparte piso con otras dos chicas. Resulta que tienen un gato comunitario de propiedad difusa al que hay que alimentar. Resulta que las tres se marcharon juntas al pueblo sevillano de la menor de ellas durante el fin de semana… No es difícil desentrañar el resultado de la ecuación… Me tocó dar de comer al odioso gato con el que mantengo un pacto de no agresión que él inclumple cuando le viene en gana.

Total… Mientras rebuscaba en busca de la Play tratando de relajarme durante un par de horas en aquel vacío piso antes de encontrarme cerca de la medianoche con dos amigos, encontré un disco de Paco Martínez Soria vestido de baturro que responde al elocuente título de “Cuentos baturros de Paco Martínez Soria”…

Qué hace eso en un piso compartido por tres mujeres de edades comprendidas entre los 21 y 26 años es un enigma. Peor fue el shock recibido, me hubiese ofendido menos encontrar el célebre manubrio de Nacho Vidal fabricado en latex…

Pero si creen que eso fue lo peor, se equivocan…

Ante la ausencia de una película potable en la cartelera, propuse un embrutecimiento moderado a base de minis de cerveza en cualquiera de los mil bares de la zona… Pero mi sugerencia fue ignorada por mayoría ya que “Domino pinta bien”…

En otras palabras, que sale Keira Knighley, las mejores piernas que he visto en una pantalla desde Kathleen Turner, actriz de escaso registro y discreta presencia por mucha nominación a los Oscars que sus agentes le hayan conseguido.

No era ella mi mayor temor, al contrario su presencia hizo soportable el nuevo tostón del hermano tonto de Ridley, quien se encargó de defenestrar un prometedor guión de Richard Kelly con su legendaria torpeza.

Qué lástima, en serio. Tras unos interesantes quince minutos iniciales en los que dio la sensación de haber evolucionado al fin en su pedestre estilo olvidandose de montajes nerviosos y edulcorados formalismos estéticos (que no de los tópicos inherentes al género, ya era mucho pedir), se desmelenó lentamente hasta terminar perdiendo los papeles mediada la película…

De hecho, de los últimos veinte minutos, tan sólo les puedo certificar que hay mucho mucho mucho ruído, que una torre de Las Vegas salta por los aires volada por un musulmán (sutil sutileza), que la violencia gratuíta corre a raudales y que hay muchos muertos a ritmo de soul (Oh, Dios… Si Pekinpah levantara la cabeza). Quien muere y quien no, no lo sé… tanto movimiento de cámara terminó por provocarme náuseas.

Una pena. Porque el guión de Richard Kelly merecía haber caído en manos más competentes…

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