Sandra, la única visitante certificada de aquel desastre que fue mi primer blog, me ilustró en una ocasión sobre lo engañoso que resulta el cybermundo.

“El visitar la página de alguien a diario produce cercanía. Es como si conocieses a la otra persona, llegas a sentirte cerca de ella”.

Qué puedo decir… Me resisto a llamar amigos a personas a las que no conoces y con toda probabilidad nunca llegarás a conocer en carne y hueso. Por otra parte tampoco lo busco traspasar la frontera de cristal, ni juzgo a quien sí lo intenta.

Acabo de ver la nota de despedida del Sr. Harris. He visto cientos de ellas, la mayoría tan falsas como parecen, fruto de la desesperación por llamar la atención, del miedo o simplemente del hastío.

No es el caso. El Sr. Harris (lamento no conocer su nombre real) se muestra tal y como es en su página. Arriesgó al darle ese tono y ganó… No tanto por las muchas visitas que ha recibido como por el calor que ellas emanan.

Como dije, he visto cientos de lacrimógenas despedidas de gente que parece buscar ser ridículamente llorada por pulsar la tecla que suprime su blog. Estoy curado de espanto. 

Sin embargo al ver el mensaje del Sr. Harris he sentido esa sensación de pérdida de alguien cercano de la que me habló Sandra hace año y medio ya. Cuestión que me jode, la verdad. Siempre he intentado no involucrarme emocionalmente con gente virtual.

No creo equivocarme al pensar que es usted un buen tipo. Y ya sabe que los buenos tipos no abundan. Así que si algún día decide volver a materializarse por estos submundos y yo sigo por aquí, avíseme por favor…

Cuídese, Sr. Harris.

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