Jean Seberg nunca le perdonó a Otto Preminger el que la sacase de su pueblo natal de Marshall Town (Iowa) para convertirla en Juana de Arco.

El director de origen austriaco la seleccionó personalmente entre más de 3.000 aspirantes para dar vida a la niña soldado, algo para lo que esta hija de droguero y maestra de pueblo no estaba preparada.

La vóragine Hollywoodiense tardó en devorarla. El fracaso de la película le hizo tomar la decisión de volver a casa para comenzar sus estudios universitarios, pero Preminger, embobado por el magnetismo de Seberg, le ofreció un nuevo papel, esta vez en “Buenos días tristeza” basada en la novela homónima de Françoise Sagan.

Jean, asustada tras haber estado a punto de morir en una hoguera (irónico sin duda) debido a un error de cálculo durante su primer rodaje, tardó en aceptar. Ojalá no lo hubiese hecho. Porque desde entonces su vida se convirtió en un tobogán en continua bajada que le llegó a las puertas de la locura.

En Europa le esperaban otras costumbres y otros hombres que le harían olvidar con rapidez a su primer novio conocido (Paul Desmond, saxofonista de un famoso cuarteto de jazz de la época). Hombres como François Moreuil, vividor sin oficio conocido (era abogado, si bien nadie le vio ejercer jamás) que enamoró a la aún adolescente americana sin demasiado esfuerzo. Se casarian poco más tarde en el pueblo natal de Jean. Perteneciente a la Jet set de Saint Tropez, se interesó por el cine tras su matrimonio llegando a dirigir a su esposa en “El Recreo” y la perdió para siempre al conocer ésta al cónsul general de Francia en L.A., el escritor y diplomático Romain Gary.

Para entonces, Seberg ya se había convertido en mito gracias a “Al final de la escapada” de Godard, y se encontraba necesitada de proyectos que la hicieran tan conocida en su país como lo era en Europa.

De vuelta en su país, rodó “Lilith” última y estimable película de Robert Rossen que no obtuvo repercusión alguna, pero que le sirvió de insospechado vínculo con el futuro que le esperaba… interpretó a una esquizofrenica ninfómana.

Esa nifomanía comenzó a hacerse patente durante su largo matrimonico con Gary ante la complacencia de su casi anciano marido (24 años les separaban). Al tiempo que los hombres desfilaban por su cama su carrera comenzaba a brillar en los States gracias a “La leyenda de la ciudad sin nombre” de Joshua Logan. Durante su rodaje Jean conoció a Clint Eastwood con quien inició una tórrida historia que finalizó con el rodaje.

A propósito de esta relación Lee Marvin dijo; “Cuando terminaba la jornada de trabajo todos se dirigían a su caravana mientras Jean iba a la de Clint”. Los conyuges de ambos tragaron sin rechistar la situación.

El mayo del 68 francés la impactó fuertemente lo que le hizo posicionarse en posturas politicamente radicales. Protagonizó una entusiasta campaña en su país en defensa de las minorías racialmente discriminadas al tiempo que colaboraba con organizaciones subversivas como “Los panteras negras”.

Esa implicación política llamó la atención del FBI dirigido aún por J. Edgar Hoover quien comenzó a sopesar emprender una campaña de desacreditación contra la actriz.

Su relación con el activista negro Allen Eugene Donaldson le llevó a conocer al cabecilla de los Panteras Negras Raymond “Masai” Hewitt por quien abandonó a Donaldson. Hewitt la utilizó tanto propagandistica como económicamente hasta que ella le abandonó por otro activista, el mexicano Carlos Navarra, quedando embarazada como resultado de esta relación.

Es aquí cuando la maquinaria del FBI comienza a funcionar a toda máquina haciendo crecer el rumor de que el hijo que esperaba era fruto de su relación con un lider de los Panteras Negras… La presión mediática y social recibida fue tal que Seberg dio a luz prematuramente perdiendo dos días más tarde a la hija que tanto ansió tener durante toda su vida. Anoten el primer paso de lo que será su fulminante caída.

Completamente destrozada anímica, física y psicológicamente, Jean Seberg insistió en enterrar a su hija en un ataud de cristal para que todos puedieran ver que era blanca. Finalmente su hija, Nina Hart Gary fue enterrada en su ciudad natal de Marshall Town en un ataud de madera al que le fue retirada la tapa.

Seberg encontró entonces refugió en España en donde vivió e incluso llegó a rodar una película a las ordenes de Juan Antonio Bardem. 

Aquí conoció a Ricardo Franco, futuro realizador de “La buena estrella”, “Pascual Duarte”, “Los restos del naufragio”… con el que comenzó un nuevo tormentoso románce lastrado por su ya evidente inestabilidad emocional.

Ejemplo de ello es la ocasión en la que Franco no pudo acudir a una cita con ella concertada en un hotel parisiense, lo que desembocó en un ataque de ira de la actriz que recorrió el establecimiento completamente desnuda mientras gritaba el nombre de su amante.

Neurótica, alcoholizada y cada vez más obsesionada por hombres rayando la adolescencia, su imagen vagando por los peores antros de Paris en busca de carne fresca se convirtió en popular. No resultaba difícil encontrarla merodeando bares y estaciones de tren o autobus en busca de jóvenes magrebíes y subsaharianos con los que cerrar una noche más. 

Fue entonces cuando conoció a Kader Hamadi, restaurador argelino a través del cual conoció al que sería su cuarto y último marido, Ahmed Hasni.

Hasni, supuesto jugador de fútbol y actor en paro, era en realidad un chico de alquiler que vivía del dinero que le daban por hacerle compañía a mujeres más o menos adineradas. Fichado por la policía por prostitución y robo, ello no fue impedimento para que se casaran en París poco más tarde.

El acto final ya había comenzado. Hasni le propinó terribles palizas durante los meses que pasaron juntos, eso cuando no la ignoraba olimpicamente o amenazaba con abandonarla por una mujer más jóven.

En 1979 con un deterioro físico y metal alarmante, Jean Seberg se arrojó a las vías del metro de la estación de Montparnasse, siendo rescatada milagrosamente por las personas que allí se encontraban.

Dio igual, no tardaría mucho tiempo en tener éxito en su intentona suicida. El 30 de agosto de 1979 Jean Seberg abandonó en pijama y envuelta con una manta la ruinosa casa que compartía con Hasni…

Días más tarde su cadaver fue encontrado en el interior de un desvencijado Renault 4.

Dentro del coche se encontró una carta dirigida a su hijo, Diego y varios textos en los que disertaba sobre la esquizofrenia y el suicidio.

Fue enterrada en el cementerio de Montparnasse, ante doscientos amigos y conocidos que no quisieron o no pudieron ayudarla. Entre ellos Jean-Paul Belmondo quien se ganó a pulso el premio a la mayor gilipollez pronunciada en años al afirmar; “Se suicidó por amor…”.

Hasni, el cabrón que amargó sus últimos días también asistió a las exequias, siendo ignorado por todos los asistentes entre los que se encontraban Romain Gary y su hijo para quienes ese tipo jamás existió.

El funeral terminó con la lectura de un texto de Jean escrito cuando contaba 19 años de edad. Decía así…

“Caminé por los bosques paseando bajo la lluvia… y mientras caminaba mi alma se sintió libre de dolor”

Romain Gary, el único entre los cientos de hombres de su vida que probablemente la amó de un modo sincero, la siguió poco más tarde… El 2 de Diciembre de 1980, dedicó toda una noche a poblar las paredes de su casa con fotos de su esposa…

Al amanecer disparó su vieja beretta contra su sien. 

 

Anuncios