… Dijo Frank Drebin en la segunda parte de su desquiciada saga policial, al ser consultado sobre el modo en que le gustaría morir…

Claro está que todos hemos de hacerlo, aunque como a Woody Allen, a nadie le gustaría estar allí cuando esto suceda.

Pero ya que será complicado eludir a la parca, si ha de pasar al menos hagámoslo chulamente que diría el Simpsoniano Otto…

He aquí una pequeña selección de muertes memorables. Habría preparado algo más voluminoso pero el tiempo se me hecha encima y aún tengo alguna cosilla más para contarles y poco tiempo para hacerlo, así que lo dejaré en un pobre pero orgulloso Top Five…

Para empezar, se podría situar a la mítica pareja de los años veinte, Bonnie and Clyde.

Arthur Penn tomó el camino Fordiano del asunto y nos los presentó tan simpaticos que los miles de balas que impactaron contra sus cuerpos nos dolieron más a nosotros que a ellos.

Además secuestraron a Gene Wilder y no le hicieron nada (pues gracias…). Por contra, las referencias a la supuesta homosexualidad reprimida de Clyde Barrow le costaron más de un disgusto a la supuestamente ninfómana Bonnie Parker. Como ven, para la censura los hechos eran suposiciones.

La película resulto ser memorable. Sin embargo, cualquier parecido con los autenticos ladrones de bancos es pura fantasía. Después de aquello aún le aguardaron grandes momentos a Penn (tampoco muchos, la verdad). La estrella de la Dunaway brilló el resto de la década como ninguna otra y el bueno de Warren siguió saltando de cama en cama hasta ser capturado y cargado de hijos por la Benning.

Nivel de intoxicación por plomo… Brutal. Con seguridad agotaron toda una mina de ese metal para cubrir las necesidades policiales en su ejemplar y exagerada ejecución.

Agazapados en el número cuatro se esconden Butch Cassidy and The Sundance Kid.

… Bueno, en realidad se escondían en Bolivia, última parada de los bandidos tras haber desplumado unos cuantos bancos y trenes entre los States y Argentina. Aunque es posible que la acción se situase en Sebastopol, ya que nada quedó claro en la película gracias a aquel doblaje asesino en el que todos hablaban castellano y nadie parecía entenderse.

Nueva comedia a costa de dos tipos malos, en esta ocasión dirigida por George Roy Hill, quien se concedió todas las licencias que le vinieron en gana para sacarla brillantemente adelante. Incluyendo una inolvidable exhibición ciclista de la mano de Paul Newman con fondo musical cortesía de Burt Bacharach.

Si les gustó este bello canto del cisne, están de suerte, años más tarde Ridley Scott lo plagió/homenajeó para liquidar a Thelma y Louise en la espantosa película del mismo nombre.

Nivel de envenenamiento por plomo… Otra vez brutal. Los arsenales del ejercito boliviano debieron quedarse en cuadro durante un quinquenio después de aquello.

Para el tercer puesto nadie mejor que la particular versión de muerte a la carta ofrecida por los Monty Python en “El sentido de la vida”…

Y es que si a mi me condenaran a muerte, probablemente elegiría el mismo modo de palmarla que el tipo de la peli… Osease, quisiera ser conducido a mi particular cadalso por dos docenas de fieras mujeres desnudas…

Nivel de dolor tras la caída… Infinito… Eso sí, levemente atenuado por las circunstancias…

Llegando casi al final, el segundo puesto se lo queda la gloriosa muerte de Al Pacino en “El precio del poder”.

De una cárcel cubana a lavaplatos gracias a la cortesía del viejo comandante que supo aprovechar el generoso (y pardillo) ofrecimiento del presidente Carter para vaciar sus cárceles, y de paso el país, de presos comunes.

Todo el trabajo que le costó a Tony Montana llegar a ver rotulado en un dirigible “El mundo es tuyo” para perderlo del modo más ridículo imaginable…

Al menos supo morir con estilo. De hecho a estas horas aún deben estar disparando a la reencarnación cubana del mítico “Scarface”.

A relacionar con… Muchas, la más destacada la de “Sonny” Corleone, si bien (cronómetro en mano) éste duro bastante menos que el mafioso cubano… ¡¡¡Blando!!!

Como colofón, un clásico… James Cagney en “Al rojo vivo”.

Siendo ganster, él era consciente de lo efímera que es la vida del fuera de la ley. Lo que nunca imaginó fue que se reuniría con sus antepasados de un modo tan explosivo.

Últimas palabras: “Mírame Mamá… Estoy en la cima del mundooooo!!!” … Después de que un tipo tan duro dijera aquello el complejo de Edipo no volvió a ser lo mismo.

Alternativa viable… La calcada muerte del raru raru y mitómano protagonista de la oscura “Fade to black” dirigida por Vernon Zimmerman… Enamorado de un clon de Marilyn Monroe (a la que trató de impresionar a costa del pobre Rick Blaine) y cinéfago voraz, debía morir como lo hizo, emulando a sus héroes.

Es todo y no crean que me olvido del cine de terror (gore incluído). Merece un apartado propio, así que lo dejo para mejor ocasión…

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