Celebrando anoche en Alcorcón City el final transitorio del cautiverio laboral junto a mi novia y unos amigos, me encontré con esta postal…

No, esa luz a lo lejos no es un ectoplasma. Se trata del chanante Ernesto Sevilla embobando al personal con un repertorio de paridas ya escuchadas que no por ello menos jaleadas.

La fotou es horrible, sí. La tomé con mi móvil (bajo de batería, para colmo), aparte de que obviamente uno no es Richard Avedon.

Toma dos… Cartel del evento

No pienso despotricar otra vez contra el dichoso programa. No me gusta, lo siento. Lo que suele despertar la incredulidad de amigos, compañeros de trabajo y lo que es peor… de mi novia, fan fatal e irrecuperable de la jodida “Hora chanante”.

Con esa información, ya pueden imaginar la escena de lo que ocurrió ayer. Caras malahostiaposestyle por mi parte tratando de jugar la carta del chantaje emocional para largarnos de allí (no es necesario decir que fui ignorado por completo) que tras media hora y en vista del fracaso aparqué para largarme a la barra más cercana y despoblada que pude encontrar, dejándo al sexteto de mis acompañantes con la baba a medio caer ante el bochornoso recital de los chanantes.

Y mientras la multitud se desencajaba la mandibula con chistes sin gracia conocí a una camarera cubana de lo más interesante (no piensen mal, por Dios) con quien, ante la falta de clientes (todos abducidos ya saben por quien), mantuve una larga y orientativa charla sobre Cuba y los turistas españoles que la visitan.

Entonces fui yo quien tuvo que contener las carcajadas ante la detallada y divertida exposición de subcategorias de turistas que me ofreció… Que van desde el turista sexual sexagenario que acude a la isla con la maleta cargada de perfumes baratos, condones y viagra, hasta el turista más o menos sexual veintiañero que piensa que será su cara bonita sin más la que hará desfilar a las jóvenes cubanas por su cama.

Mil personas mirando a dos tipos escenificando gilipolleces cuando el verdadero espectaculo estaba a cincuenta metros de allí, en una barra de bar con un sólo tipo y su absolut con tónica como únicos testigos.

En fin… Como dijo el Dr. King… “Thanks God, Free at last… Free at last”

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