No saben lo que me pude reír cuando “Chicago” ganó el Oscar a la mejor película del año…

No porque sea una mala película, siendo generoso se la podría considerar tan entretenida como fútil, sino por los desmesurados elogios que parte de la crítica le dedicó.

Uno de ellos, conocido crítico de un muy conocido diario español, llegó a afirmar que “Chicago” había revitalizado el género gracias a su innovación. Juas Juas Juas…

Un tipo cachondo, sin duda. No me hubiese importado enviarle un par de películas de Bob Fosse para que corroborara dicha innovación.

Pero no, no pienso hablar más de “Chicago”, no lo merece. Prefiero hacerlo de “Moulin Rouge” ese tostón rosa hecho a la medida de un público aborregado, que escribió el mismo crítico que antes les cité.

Robaré un texto ajeno para contestar. En concreto estas palabras las pronunció un redactor de “Días de cine” aka La inquisición… “Cuando Woody Allen recreó los músicales clásicos del Hollywood dorado nadie dijo nada. Se consideró un gran acierto. Cuando Lars Von Trier trató de reinventar las claves del género fue aclamado por la mayoría. Ahora que Baz Luhrmann estrena su “Moulin Rouge” resulta ser un pecado”… (La crítica -en tono sarcástico- era positiva, eh… No voy a reproducirla toda, mi memoria no da para mucho más).

Pues bien… Yo, que puedo decir que he visto todos y cada uno de los grandes musicales de la historia. Que he visto cientos de aquellos que podríamos considerar clase media y baja… Creo que estoy capacitado para opinar que “Moulin Rouge” es fabulosa (siempre que este señor, en posesión de la verdad absoluta, me lo permita).

Es cursi, sí. Es tramposa, autocomplaciente, redundante, kitsch, videoclipera, excesiva y mil cosas más. Sí que lo es… Y sigue siendo fabulosa…

Y Creánme… El musical es uno de mis géneros favoritos. Desde “Suena el teléfono”, poco conocida película del gran Minelli con Judy Hollyday como protagonista, hasta “Pennies from Heaven”, el maravilloso drama musical de Herbert Ross que casi hundió a la Warner, he disfrutado de lo lindo con cientos de películas pertenecientes a este género muerto.

Así pues, si les gustó esta maravilla y temen decirlo en voz alta, liberense… pase lo que pase. Hagan como Nicole Kidman y desprendanse sin pudor del corsé. Canten a todo pulmón el “Come what may” en el metro de camino a casa y decoren el ordenador de su oficina con un wallpaper de Kidman y McGregor bailando sobre la cabeza de un elefante rosa…

Y es esa la mayor virtud de “Moulin Rouge”… Su libertad. El mayor mérito de su director fue el de hacer extensible esa libertad a todo aquel que la quiso aceptar al ver la película (verla en pantalla grande es sencillamente, la leche)…

“Moulin Rouge” se hizo para ser disfrutada. El cine musical nació con ese fin… Celebrar la vida… Disfrutenla entonces.

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