… es todo lo que John Hickley quería.

Disparó al presidente Reagan sólo por llamar la atención de una Jodie Foster que ignoraba sistemáticamente las docenas de poemas y cartas que Hickley le enviaba.

La máxima de Hobbes (el hombre es un lobo para el hombre) circunscrita al mundillo del celuloide daría para llenar cientos de miles de páginas. Sería una enciclopedia abierta, pues la violencia nunca descansa, menos aún en el mundo de mentira. No hace mucho la actriz Tara Correa-McMullen murió tiroteada durante un altercado entre bandas. Apenas era una niña.

Qué decir de Dorothy Stratten. Un ángel terrenal y no me refiero únicamente a su impresionante físico. Cometió demasiados errores antes de morir del modo más cruel imaginable a manos de su ex-novio al que había abandonado tras caer rendida ante el encanto del director Peter Bogdanovich. Éste último nunca llegó a asumir la pérdida de su amante, a quien dedicó un emotivo libro titulado “La muerte del unicornio“, para más tarde terminar casándose con la hermana pequeña de Dorothy en un gesto que podría equipararle con el James Stewart de “Vértigo”.

Mi adorado Pier Paolo Pasolini fue apaleado en una playa hasta quedar irreconocible en un caso aún por resolver. Se detuvo a un chapero que en ningún caso pudo ser el único responsable de todo aquello, más sabiendo de las muchas amenazas procedentes de grupos de extrema derecha que el poeta, escritor y director coleccionaba.

Tal vez sea la muerte de Sharon Tate la más conocida por los no cinéfilos. La noche del 8 de agosto de 1969, Tex Watson, Patricia Krenwonkel, Susan Atkins y Lindia Kasabian asaltaron la casa de Tate en la que se celebraba una fiesta. Abigail Folger, su novio Voytek Fykowsky, Jay Sebring y Steven Parent fueron asesinados brutalmente por aquellos, miembros de “la familia Manson”, quienes también asesinaron a Sharon, embarazada de ocho meses, a pesar de las suplicas de ésta que fueron narradas durante el juicio por parte de los asesinos de este frío modo: “La embarazada se arrodilló delante nuestro suplicando por la vida de su hijo…”; recibió 16 puñaladas, varias de ellas mortales de necesidad. Después escribieron con la sangre de las víctimas la palabra “Pig” en las paredes de la casa.

Corre la leyenda por ahí de que Bruce Lee, uno de los invitados a la fiesta, excusó su ausencia por motivos profesionales. Quiero imaginar la sarta de hostias que mi amado Lee habría repartido aquella noche de ser haber asistido. Me gusta fantasear con la posibilidad de que Sharon Tate aún podría seguir viva. Soñar es gratis, ya saben.

Theresa Saldana tuvo más “suerte”. La prometedora actriz de los setenta recibió una brutal paliza a plena luz del día que a punto estuvo de costarle la vida. Su carrera sin embargo no se recuperó. Debido al trauma sufrido, desde entonces sufre terribles problemas psicológicos que dificilmente logrará superar.

Abiertamente homosexual, Sal Mineo despertó una considerable fobia en los ambientes más conservadores de la América de los 60-70.

Amante e intimo amigo de James Dean, Mineo siempre vivió al límite emocionalmente hablando. Por ello, cuando su cuerpo aún con vida, fue descubierto cosido a puñaladas en un callejón de Hollywood aquel 12 de febrero del 76, todo el mundo pensó en un crimen pasional.

Un año después de su muerte, era detenido Lionel Ray Williams, repartidor de pizzas de 21 años, acusado de su asesinado.

Fue detenido sin convicción por la policía angelina, pues Williams, de raza negra, en poco se parecía al hombre rubio que los testigos afirmaron haber visto huyendo del lugar del crimen. Pero pronto descubrieron que Williams se había decolorado el cabello en la fecha del asesinato de Mineo. También se supo de su carácter violento y presuntuoso.

Al parecer presumía sin reparo de haber matado “al maricón ese de Hollywood” con amigos, con su mujer, e incluso con uno de sus carceleros durante los dos meses que pasó en prisión acusado de falsificación. Es más, en su brazo derecho se hizo tatuar una navaja, replica exacta de la que utilizó para acabar con la vida del actor.

Ramón Novarro, superestrella del mudo, murió asfixiado por un pisapapeles en forma de pene gigante que le fue regalado por Rodolfo Valentino. Dos chaperos contratados por Novarro, fueron los encargados de deslizarlo por su garganta.

El 15 de enero de 1947 se encontró el cadáver de una mujer seccionado limpiamente por la cintura. Los pechos lacerados y sembrados de quemaduras de cigarrillos. La boca había sido cortada en las comisuras formando una macabra sonrisa. La cara había sido aporreada hasta ser irreconocible. El cuerpo presentaba mutilaciones múltiples entre las que destacaba una en forma de triángulo a la altura de uno de sus muslos. Parecía como si un trozo de su carne hubiese sido sajado tratando arrancar algo concreto, posiblemente un tatuaje.

Pocos días más tarde fue identificada gracias a las huellas dactilares. Se trataba de Elizabeth Short, más conocida como La Dalia Negra, prostituta de lujo habitual en las fiestas de las estrellas más hedonistas de Hollywood.

Los detalles de la autopsia son aún más desconcertantes si cabe. Su cabello fue teñido de rojo y cuidadosamente peinado una vez muerta. Sus muñecas presentaban marcas de ligaduras que hicieron pensar a los forenses en una tortura continua de más de 72 horas. Los restos carecían de sangre, habían sido drenados hasta la última gota por los asesinos quienes además habían lavado los restos con esmero.

El caso nunca fue resuelto. De hecho, ni siquiera hubo una lista oficial de posibles sospechosos. La mastodóntica operación emprendida por el departamento de policía de L.A. se convirtió en un estrepitoso fracaso.

Muchos años más tarde, el director sueco Ulu Grosbard dirigió “Confesiones Verdaderas” en la que se relata el caso de modo indirecto, siendo encubierto el asesino por el detective encargado del caso. Muy pronto, el 15 de septiembre, está previsto el estreno de “Black Dahlia” en los States. Dirigida por Brian De Palma, promete un acercamiento al caso tomando como soporte la novela de James Ellroy del mismo título.

La historia de Caín y Abel se reinterpretó en Los Angeles un día 1991, cuando Jim Mitchell disparó a su hermano Artie por razones aún no aclaradas.

Los hermanos Mitchell produjeron y dirigieron la, en palabras de la crítica especializada, primera obra maestra del cine porno, “Detrás de la puerta verde”. Tras el enorme éxito cosechado su carrera no volvería a alcanzar tan altas cotas lo que fue minando la relación de los hermanos. Los eternos problemas con las drogas de Jim le alejaron por completo de su hermano y de la realidad, desembocando en tragedia.

En 2001 se estrenó “Rated X” dramatización de la historia de los Mitchell protagonizada por Charlie Sheen y Emilio Estevez.

Lo que te mata también puede curarte. Y el cine es buen ejemplo de ello…

Brad Silberling, director de “Casper” y de la deliciosa “Una serie de catastróficas desdichas”, utilizó el celuloide para superar la pérdida de su prometida, la actriz Rebecca Schaeffer. Lo hizo en “Moonlight Mile” en dónde contó la historia de redención de un joven que incapaz de superar la muerte de su novia decide irse a vivir con los padres de ella tratando de convertirse en su soporte.

No sé si recuerdan aquella serie que pasó Antena 3 en sus primeros días, “Mi hermana Sam”. Protagonizada por Rebecca, la serie se convirtió en gran éxito en los States en tan sólo dos años. El magnético encanto de la Schaeffer no pasó desapercibido para Francis Ford Coppola quien la requirió para una prueba de casting de “El Padrino III”.

La cita estaba marcada para el día 18 de Julio de 1989… A primera hora de la mañana, Rebecca Schaeffer salió apresuradamente de su casa camino de la oficina de casting cuando un obseso fan llamado Robert John Bardo que la acosaba desde hacía tres años, le descerrajó dos tiros en el porche de su casa.

Los detalles que salieron a relucir durante el juicio son escalofriantes. Bardo creía ser correspondido en su demencial amor por la actriz tras recibir una fotografía firmada por ella que rezaba el texto… “Tu carta ha sido la más hermosa que he recibido jamás. Con amor de Rebecca”. Ella no escribió aquella carta. Empleadas de la productora se encargaban de hacerlo, utilizando siempre el mismo texto. Pero para aquel lunático aquello era tan autentico como su obsesivo amor por ella.

Al ser condenado a cadena perpetua, la madre de Rebecca se dirigió a él con estas palabras: “Sé feliz en la cárcel”… Más tarde escribió una carta abierta publicada en un periódico californiano con un devastador texto que decía así: “¿Se ha hecho justicia?… El asesino de mi hija ha sido condenado, pero yo no volveré a ver a mí hija. ¿Debo sentirme feliz?”.

Tras la conmoción que produjo su muerte las leyes fueron reformadas en el estado dorado. Sin embargo…

… Marie Trintignant, Bob Crane, Phil Hartman, Lana Clarkson, Margareth Campbell… La hipotética enciclopedia de la que les hablé al principio del posteo sigue abierta. La violencia no entiende de treguas. La estupidez humana tampoco.

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