“Lolita destruyó mi vida”…

Así de claro.

El 10 de Julio de 1946 veía la luz por primera vez Sue Lyon. Sucedió en Davenport, Iowa.

Trece años más tarde una fotografía suya reposaba en las manos de Staley Kubrick quien no le prestó atención hasta que poco más tarde vio la fugaz aparición de Sue en “El show de Loretta Young”. Aquella adolescente vestida con un casto bikini azul que recitaba una línea de diálogo despertó el suficiente interés del pirado neoyorkino como para recuperar su fotografía y presentarsela al creador de la novela, Vladimir Nabokov, quien al verla tan sólo pronunció dos palabras… “Es ella”.

Sorprendió a veteranos actores como James Mason, consiguiendo una recreación brillante de la maquiavelica adolescente que creó Nabokov, novela que paradojicamente ella no podía leer legalmente (más adelante contó cómo intentó sacar sin éxito un ejemplar de “Lolita” de una biblioteca pública con la ayuda de una amiga) .

No mostró sólo talento, también profesionalidad. Era la primera en llegar a los ensayos. Nunca mostraba desaliento durante los agotadores rodajes marca de la casa de Kubrick. Es más, soportó con entereza el contínuo acoso sufrído por un Peter Sellers demasiado obnubilado por su absorbente belleza.

Tras el éxito de la película (que ella no pudo ver por no alcanzar la edad necesaria), llegó el triunfo personal. Ganó un globo de oro a la mejor promesa del año y su nombre comenzó a figurar en las agendas de todos los directores y productores de Hollywood.

Un año más tarde, John Huston, impresionado por su actuación en “Lolita” le requirió para interpretar un papel similar en “La noche de la iguana”.

El rodaje tuvo lugar en Puerto Vallarta… Allí, Lyon fue testigo directo de las borracheras y peleas de Richard Burton y Elizabeth Taylor. Circunstancias que se complicarían más tarde al atribuir la prensa rosa de la época un romance a Lyon y Burton que nunca se hizo realidad.

Con una imagen algo desgastada a causa de los papeles de devoradora de hombres, Sue se casó con Hampton Fancher, actor y más tarde guionista (escribió “Blade Runner”, per example), divorciandose un año más tarde.

Ese mismo año, tras sobrevivir a un accidente de tráfico, consigue un papel en la que sería última película del maestro John Ford, “Siete Mujeres”. Gracias a la insistencia de sus agentes, por fin consigue un papel alejado de su imagen fatal. Muy alejado de hecho, interpreta a una de las religiosas rehenes de un señor de la guerra chino durante la guerra de la rebelión de los Boxers.

“Hampa Dorada”, la interesante y decadente película de Gordon Douglas (es citarle y me viene a la cabeza esa maravilla filmada con cuatro duros, “La humanidad en peligro”) supuso su quinta película. La última de buen nivel que realizó antes de comenzar un vertiginoso descenso que la llevaría a filmar toda clase de subproductos.

Los guiones dejaron de llegar y buscó refugio en la televisión. Una pobre versión de “Arsenico por compasión” fue su cota más alta en este medio. En esa época entra en su vida el fotógrafo Roland Harrison, la relación que cambiaría su vida para siempre…

Lo hizo por varias razones. La principal, porque fue madre de una niña llamada Nona. En sus propias palabras “el mayor logro de mi vida”.

Su relación con Harrison no sólo provocó un escándolo de dimensiones mundiales, sino que además les granjeó el odio tanto de grupos supremacistas blancos (Harrison era negro) como de grupo radicales negros (como ven los capullos no entienden de razas ni credos) que llegaron a amenazarles de muerte provocando su espantada a España.

Ni siquiera por aquí consiguieron liberarse de sus demonios. Lyon declaró que la presión familiar y social se hizo tan insoportable que erosionó la pareja hasta provocar su ruptura en 1973. Para entonces, ya había realizado varías películas en España, como la infame “Tarots” y “Even Knievel”, películas rodadas en inglés con doble versión en las que por supuesto se requería desnudo, cuestión a la que ella se negó en rotundo, dando lugar a memorables escenas como aquella de “Tarots” en la que se apañan para meterla en una ducha….. vestida.

El mismo año de su divorcio conoce a Gary Adamson, convicto por asesinato y robo a mano armada (la versión de cómo se conocieron difiere, algunos aseguran que visitó la penitenciaría en dónde se encontraba Adamson para visitar a un amigo, otros hablan de carteos entre ambos…).

Sue Lyon sufrió de la atracción que los presidiarios ejercen sobre algunas mujeres, enamorandose perdidamente de él. Se casaron en Noviembre de ese mismo año. 

Sue abandona definitivamente su carrera para vivir lo más cerca posible de su marido. Consigue un trabajo de camarera en un restaurante de carretera al tiempo que malvive en moteles de mala muerte.

De nuevo su historia se torna confusa en este punto. Algunas fuentes aseguran que Adamson y Lyon vivieron su matrimonio y divorcio sin llegar a estar juntos en libertad. Otros aseguran que su marido consiguió la condicional rompiendola al volver a delinquir, lo que provocó el divorcio de la pareja un año más tarde.

En 1976 trata de recobrar su dolorida carrera cinematográfica aceptando papeles de chica sexy en películas de serie B, en el mejor de los casos.

Rueda media docena de olvidables películas que apenas le reporta dinero suficiente para subsistir, teniendo que compaginar su carrera con un trabajo como dependienta en una tiendo de ropa.

En 1980 rueda la que será su última película, “Alligator”. Tras superar una fuerte depresión, decide retomar sus estudios en un instituto para adultos de L.A.

Cinco años más tarde, conoce al ingeniero Richard Rudman, su cuarto marido.

Ese mismo año desaparece por completo de la escena pública. Finaliza sus estudios universitarios y junto a su marido se marcha a vivir a un suburbio de Los Angeles.

Nunca más concedió una entrevista. Las fotografías que le han sido robadas estos años apenas suman la decena, en ellas se ve a una mujer extremadamente delgada de mediana edad que trata de ocultar su rostro a las cámaras.

Ha rechazado ofertas millonarias por contar su fascinante trayectoria vital. Simplemente guarda silencio mientras trata de recuperar esa vida normal que la niña de Davenport soñó tener una vez.

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