Deben saber que no importa…

Que no importa si se acurrucan en sus camas demasiado vacías o se parapetan toda una noche frente a un ordenador esperando un mail que no llegará…

No importa que sean cuarentones que limpian piscinas y arreglan ventanas. Que recorren pasillos vacíos de madrugada y vuelcan su tristeza en diarios que nadie leerá porque a nadie le importa lo que esconden.

Tampoco que sean calvos y fondones, desencantandos o frágiles o fuertes de un sólo brazo…

Y si el cretino que se sienta a su lado ladra y reclama que le devuelvan sus putos seis euros, sólo deben mirar al otro lado, donde se sienta ella, enconjer las piernas para no obstaculizar la huida de la estupidez y su avergonzada acompañante, justo antes de volver a situar tus ojos en la pantalla… sin dejar de rozar las yemas de sus dedos.

No lo olviden, si alguna vez les ocurre, si como le ha sucedido a la gran mayoría, en algún tramo del camino se extravían, sólo traten de no perder la fe, lo demás no importa…

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