Afortunadamente hay cura conocida para casos como el contado más abajo.

Resulta que en 1966 también se cerraban fábricas y se negociaban reconversiones. 

También había matones y tímidos tipos embobados, enamorados de tontas chicas bonitas dueñas de poderosas auras que impedían a los otros ver más allá.

Los piquetes también intimidaban, sólo que resolvian sus problemas con el mando de un scalextric en lugar de barras de hierro.

Y parece que al igual que hoy, algunos se subían en los tejados al atardecer para contemplar la línea del cielo al son de canciones que prometían un mundo nuevo que nunca llegó, ni llegará.

El espíritu de la Ealing vivirá por siempre, eso es seguro. Aunque haya que irse a Australia para encontrarlo.

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