Niles: “No conozco el camino a casa”

David: “No se preocupe… Yo tampoco”

 

Se encontraba, Sam Peckinpah, enormemente deprimido tras el fracaso comercial de “La Balada de Cable Hogue”, cuando, durante una estancia en San Sebastián (con motivo de su festival de cine), se encontró con Gonzalo Suarez…

La conexión entre ellos fue instantanea, hasta el punto de que Suarez invitó al director navajo a pasar unos días en un pequeño pueblo asturiano. Allí nació una amistad que se mantendría hasta el fallecimiento de Peckinpah, mantenida gracias a largas misivas intercambiadas por ambos.

Y fue su “perro hermano indio” (apelativo cariñoso que Sam dedicó a Gonzalo), quien le descubrió la novela “The siege of Trencher’s farm”. Novela que dio lugar a “Perros de Paja”, su película más violenta, en el sentido más gratuito imaginable.

La película se convirtió en un gran éxito de taquilla, en gran medida, gracias a la violencia y sexo desplegados con gran crudeza por el genio indio.

Sin embargo la crítica (especialmente la europea) la destrozó, argumentando el despreciable uso de la violencia por parte del director.

Años más tarde,  Peckinpah diría acerca de esta cuestión:

“No han entendido nada. Me hacen sentir inutil al no haber conseguido hacerles entender lo que les he contando”.

 

Hace pocos días, un compañero de trabajo de poco más de veinte años, me contó (acelerada y gráficamente) lo cojonuda que para él es la película. Lo cojonudo que fue el ver como un tipo insignificante terminaba tomando una brutal venganza sobre las bestias que le humillaron. 

Y no sé si soy el único que lo piensa. Pero creo que hoy día, Peckinpah sigue sin ser comprendido.

Anuncios