En el fondo todo es una cuestión de fe.

Ella lo tenía todo y todo lo perdió en un minuto.

Él era un tipo asustado y huidizo que no tenía nada y lo consiguió todo al encontrarla.

Ella subió a un muro y se lanzó al vacío, de espaldas, sabía que él estaría ahí para impedir que tocase el suelo. Después llegó el turno de él. Y aunque ella a duras penas llegaba a los cincuenta kilos y apenas superaba el metro sesenta de estatura, él, que casi doblaba su peso desde su metro ochenta largo, no dudó en lanzarse al vacío, a sabiendas de que lo más probable era que terminase besando el suelo.

Lo hizo tras mirarla a los ojos y escuchar de sus labios: “Trust me…”

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