Entre las no muchas visitas recibidas por este esquinado lugar, destacan los caídos del cielo… Osease, los cybernautas que por obra y gracia del Google terminaron por llegar hasta aquí siguiendo los más diversos hilos…

¿Cómo murió Elizabeth Short?, Weegee, la salida del armario de los protas de “Top Gun” y la biografía de un tipo que jamás existió, Tristan Reveur, ganan por goleada a las más variopintas entradas que puedan imaginar.

Entre ellas las hay inocentes: “Felicitar cumpleaños a un amigo”, enfermizas: “Fotos autopsia de Sharon Tate” o “Abuelito incesto nieta”, criptozoológicas: “Sirena encontrada en boca chica”, dignas de terapia: “Preñando a mi hermana” y por supuesto pornoadictas: “Madres macizas”, “Cachondas Messenger” o “Kelly McGillis tetas”… y casi prefiero no pensar en qué ocurrirá cuando cuelge mi sentido homenaje a “Delicias Turcas” (opening soon)… 

También las hay coherentes: “Campeones boxeo”, “john cale”, “trust harley”… Algunas de ellas con rápidas y fáciles respuestas que, como servicio público cutre, respondo ahora, por si aquellos sufridos buscadores vuelven a caer por aquí:

“Película Monty Cliff y niño austriaco”: Supongo que se trata de “Los ángeles perdidos”, aquella soberbia película de Fred Zinnemann.

“Errores que cometió Marilyn Monroe”: Infinidad…

“Tristan Reveur obra”: Está por pintarse. Reveur no existió, es solo una genial invención aparecida en la más que interesante “Tránsito”

“Jessalyn Gilsig fotos desnuda”: Yo quiero, yo quiero, yo quiero…

“cae la nieve en toda irlanda”: James Joyce y Tony Huston. Véase “Dublinesess”

“sue lyon actriz”: Usen el buscador y echen un vistazo a los varios posteos que le he dedicado.

“QUE UN LAPON TE MUERDA LOS HUEVOS”: Grande Frank Drebin.

“ver tetas con pecas”: Busque entre los trillones de páginas porno de la red.

“monologo 21 gramos”: ¿Cuál de ellos?

“genios con deterioro mental”: A docenas. En “Una mente maravillosa” tienen a uno de ellos.

“vive gente en la antartica?”: Por supuesto. Myself. Por no hablar de las muchas estaciones metereológicas, científicas y probablemente militares (encubiertas) que están establecidas por aquí desde hace décadas.

“fotografia de ciclistas desnudos en new…”: Como no se refiera a la famosa foto del disco de Queen…

“mujeres desnudas + fotos + rossana arquette”: Ay, Rossana!!

– “AMISTAD CON UN YONKI”: No me miren a mí. Dejé las drohas hace tiempo.

Pero ha sido una, que cayó por aquí en dos días consecutivos, la que más me ha llegado:

“Diálogo final Dulce Noviembre”

…Y como tengo a mano la primera y entrañable versión, de hecho la vi el martes de madrugada, transcribo el diálogo esperando que la persona que lo buscaba vuelva a caer por aquí…

Aunque sería mejor decir los diálogos, ya que supongo que el anónimo internáuta buscaba el correspondiente a la última y espeluznante versión firmada por el otrora prometedor Pat O’Connor (cuesta creer que sea el mismo director que filmó la delicada “Un mes en el campo”).

Así pues, aprovechando que tengo las dos películas grabadas en la misma cinta, y tras echar un vistazo libreta en mano, cuelgo los dos, incluyendo las alucinógenas líneas de la primera versión dirigida por Robert Ellis Miller (tan dramático siempre, él).

Empecemos con la primera versión. La foto es propia, disculpen la baja calidad.

Un pequeño resumen, para entrar en situación:

Sara Deever, enferma terminal, decide gastar sus últimos meses de vida ayudando a los demás. Pero en lugar de trabajar para una ONG, decide actuar por su cuenta, tratándo de auxiliar a tipos que, en su opinión, necesitan ser orientados en su triste vagar vital.

Así pues, decide enseñar a vivir, durante un mes, a tipos acomplejados por su físico, con terror al compromiso, con baja autoestima o con problemas para contener un caracter iracundo.

El elegido para el mes de noviembre será Charlie. Ejecutivo de una empresa que fabrica cajas, cuyo mayor problema reside en ser incapaz de interactuar con los demás, en parte debido a su caracter altivo y desdeñoso.

No es difícil adivinar que noviembre no será un mes más para Sara.

En la última escena, Charlie y Sara regresan a casa. Es casi medianoche del 30 de noviembre…

Sara: Dejaré tu maleta aquí, así podrás marcharte con más comodidad… Uno de tus calcetines estaba muy gastado. Lo tiré. Me pareció lo más indicado… [ante el silencio de Charlie, Sara cambia de tema]. Charlie, mira… Mira la luna, ocupa casi todo el cielo…

Charlie: Supongo que habrás cambiado la cerradura. Me di cuenta. Te levantáste muy temprano esta mañana.

Sara: Debes devolverme tu llave, Charlie. Además, ya no sirve.

Charlie: (susurrando) No voy a irme, Sara.

Sara: Tenemos que despedirnos. Tenemos que cumplir lo acordado. Tienes que marcharte, Charlie.

Charlie: Todo lo que he hecho. Todo lo que te he dicho, ¿no ha servido para nada?.

Sara: ¿Sabes lo que creo?. Creo que deberíamos poner otra etiqueta en tu maleta. Una muy grande que diga…

Charlie: (interrumpiendo) Sí. Y esa maleta tampoco irá a ninguna parte.

Sara: Quieres estropear nuestra despedida. ¿Verdad, Charlie?

Charlie: Noviembre es muy terco. No se va tan fácilmente.

Sara: Ya casi es medianoche…

Charlie: No me importa… Llevo varios días intentando encontrar el modo que me permita hacer esto a tu manera. Que me hiciera fácil decir “Adios, preciosa, ha sido estupendo”. Lo he intentado, de verdad… Pero no puedo. No puedo hacerlo.

Sara: Yo ya he dejado de hacer preguntas. No pregunto. Acepto las respuestas. Es más fácil así.

Charlie: ¿Vas a decirme que ni una sóla vez pensaste en dejar que me quedara?

Sara: Creo que he olvidado tu cepillo de dientes.

Charlie: La idea de no volverte a ver es tan irreal, que empiezo a creer que todo esto es mentira. Que lo ha inventado mi mente. Es horrible. Haber tenido algo tan perfecto y no haber sabido conservarlo.

Suenan las campanas que anuncian el nuevo mes…

Charlie: Si supieras cómo me desesperas, Sara.

Sara: Charlie… Quiero que te vayas. Después de esto nada iría bien. Lo sé, porque tengo el instinto del tiempo. El tiempo está a mi alrededor. Está en mi contra. Lo que me queda de él es lo único que tengo y debo llenarlo a mi modo.

Charlie: El tiempo no existe, Sara. Eso me lo enseñaste tú.

Una llave hurga en la cerradura… Diciembre, un tipo alto y torpe, entra en la casa.

Sara: Me hubiese gustado que no estuvieras aquí, Charlie…

Durante varios minutos el inseguro nuevo inquilito de Sara, divaga, consciente de lo violento de la situación… Mientras, Charlie y Sara se miran fijamente sin decir palabra… Finalmente, Charlie coge su maleta y se dirige a Sara, que le da la espalda…

Charlie: Estoy rebosante de ti, Sara. Te tengo metida dentro para el resto de mi vida. Si estuviese más tiempo a tu lado creo que moriría de amor por ti… Te recordaré siempre, Sara.

Charlie se larga, la puerta se cierra y Sara se vuelve sin que le de tiempo de verle una última vez… Y fin.

Disculpen el escandaloso spoiler, si es que tienen la remota intención de ver este delirio algún día.

Vamos con la segunda versión. El argumento es básicamente el mismo. Rebautizamos al prota masculino (que Charlie les debía sonar vulgar), cambiamos el físico de gente corriente que gastaban la maravillosa Sandy Dennis y Anthony Newley por el de una chica de portada (Charlize Theron) y el hierático Keanu, y como los tiempos han cambiado, sustituimos al bohemio y protector vecino por un tipo gay y guay, puro estereotipo que en poco ayuda al siempre maltratado movimiento gay.

Lo removemos un poco and voilà…

Nelson: Sara, deja de correr… Sara, no voy a dejarte, sé que me quieres.

Sara: Ya lo sé. Nunca he sentido nada parecido. Jamás pensé que tendría la  oportunidad y tú me las has dado.

Nelson: Entonces ¿por qué haces esto?

Sara: Porque empieza a ocurrir

Nelson: No me importa

Sara: Nelson, si te vas ahora lo que teníamos será perfecto para siempre

Nelson: Sara, la vida no es perfecta

Sara: Lo único que tenemos es cómo vas a recordarme… Y necesito que ese recuerdo sea fuerte y hermoso. ¿Entiendes?… Si yo sé que me recuerdas podré enfrentarme a todo… Tú eres mi inmortalidad

Nelson: Quiero cuidar de ti, Sara

Sara: Estaré bien. Vuelvo a casa. Necesito hacerlo. No debes preocuparte. Tú seguirás aquí y tendrás un vida maravillosa. La que te mereces

Nelson: Yo solo te quiero a ti

Sara: Ya me tienes… Para siempre. Deja que me vaya

Nelson: Está bien, Sara. De acuerdo…

Sara: Ahora cierra los ojos… Te quiero Nelson Moss

Nelson: Te quiero, Sara Deever

Y allí se quedo el pobre Keanu, como un gilipollas con esa bufanda cegando sus ojos.

… Espero que se la quitase a la hora de volver a casa. Que ya saben lo que cuentan las lenguas viperinas de Tinseltown acerca del coeficiente intelectual de Keanu…

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