Sí, esta historia es muy conocida. Puede encontrarse en multitud de páginas web.

Lo que no todo el mundo recuerda es el chiste conque Jack Palance abrió su aparición y que les cuento más abajo, directa y exclusivamente desde mi memoria…

Como ganador del premio al mejor actor secundario del año anterior, Jack Palance, fue el encargado de entregar el Oscar a la mejor actriz secundaria en la edición del año 93.

Y contra todo pronostico, fue el nombre de una jóven y poco conocida actriz, Marisa Tomei, el que salió de su boca, echando por tierra las ilustres ilusiones de Vanessa Redgrave, Joan Plowright o Judy Davis.

Poco más tarde, el rumor de que el veterano actor se había equivocado de nombre debido a su estado etílico, a su dificultad para leer el contenido de la tarjeta o, sencillamente, porque le dio la gana, se extendió rápidamente por todo el mundo. Recuerdo que en España, un creído productor venido a menos, lo contaba regocijado en un progama televisivo, dándole una credibilidad casi total.

Por supuesto que esa leyenda urbana no es más que una estupidez. Prueba de ello es que los propios propagadores del bulo se contradijeron (y se contradicen) al afimar que la autentica ganadora fue Vanessa Redgrave o Judy Davis, variando según la “fuente”.

Por otro lado, la Academia es muy cuidadosa en todos sus extremos y no habría tenído inconveniente en rectificar al viejo secundario, incluso días más tarde, de haber sido necesario. Es más, las papeletas de voto se guardan, así como sus escrutinios, que son accesibles, una vez celebrada la gala, tanto para los nominados como para cualquier otro miembro de la institución.

Sin embargo el rumor seguirá ahí para siempre. Y eso al viejo Jack le encantaba…

Les conté esta historia a otras tres personas, el pasado sábado, rodeados de dos cervezas, un red bull con vodka y un ron con tónica. Y tal vez fue el alcohol el que hizo que a mis acompañantes les pareciese tan divertida, porque el gag que Jack contó para introducir a las nominadas, siendo bueno, no fue para tanto:

“Señoras, Señores… Tengo el honor de ser el primer presentador que da paso a un premio en el que por vez primera no figura ningún americano entre los nominados. Tres de las candidatas son inglesas, otra es australiana y la última… es de Brooklyn”

… Y lo cierto es que el auditorio se partió de la risa. Trece años después, en un tugurio de Madrid, volvió a ocurrir… aunque esta vez solo fuesemos cuatro.

Descansa en paz, viejo zorro…

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