“Joe es el mejor bateador que he visto en mi vida. Es un talento natural.”
– Ty Cobb


“Amo este juego. Lo amo tanto que jugaría gratis sólo por el hecho de jugar”
– Joe Jackson (Ray Liotta) en la película “Campo de sueños”



En 1919 los Chicago White Sox eran el mejor equipo del mundo. Y Joe Jackson, a quién debido a sus origenes humildes apodaban “El descalzo”, su mejor bateador.

Se proclamaron campeones de su conferencia sin problemas. En las series finales, les esperaban unos asustados Cincinnatti Reds. Las apuestas en contra de los Sox eran altas, los sueldos de los jugadores bajos y Chicago una ciudad proclibe a la corrupción…

Ocurrió entonces. Chick Gandil, primera base titular de los Sox fue contactado por un apostador profesional relacionado con la mafia. El plan en un principio, consistía en captar a varios de sus compañeros para dejarse ganar un par de partidos de las finales. Siete fueron los hombres que siguieron a Gandil…

Todo se complicó gradualmente. La mafia les engañó haciéndoles firmar una serie de contratos de honor tan draconianos como si hubiesen pactado con el mismo diablo. En ellos se comprometían a perder las series mundiales a cambio de cien mil dólares. Muchos de ellos ni siquiera sabían leer. Joe Jackson, rellenó el espacio reservado para su firma con una X…

Los Reds dominaban las series por 5-1. Las sospechas de conspiración llegaron entonces a la prensa local. Los rumores eran tan intensos que Dickie Kerr, capitán del equipo, reunió a sus hombres minutos antes del séptimo partido. Mirándoles a los ojos les pidió honestidad y orgullo… Los Sox ganaron los dos siguientes partidos…

Pero casi toda historia de redención termina mal. La mafia temió por su inversión y entró en acción. La noche anterior al noveno partido, varios jugadores fueron amenazados de muerte. La esposa de “Lefty” Williams, pitcher de apertura, fue “visitada” por unos matones que la golpearon delante de sus hijos. Otros recibieron llamadas teléfonicas amenazantes. Algunos recibieron cartas bajo sus puertas que incluían fotografías de ataudes.

La tarde siguiente, los Cincinnatti Reds ganaron las series mundiales.

El escandalo no estalló inmediatamente. No fue hasta un año después, cuando Eddie Cicotte y Joe Jackson, confesaron. El siguiente paso lo dio la Major League al decidir expulsar de por vida a los ochos hombres implicados:

“Shoeless” Joe Jackson – Eddie Cicotte – Oscar “happy” Felsch – Claude “lefty” Williams – Arnold “chick” Gandil – Fred McMullin – Charles “swede” Risberg – George “buck” Weaber

Sus fotografías fueron retiradas de los anuarios, de las colecciones de cromos, de las oficinas del club. Joe Jackson fue excluído del Hall of Fame, el Olímpo en el que se conserva la memoria de los más grandes. Sus nombres fueron borrados de los documentos del club. Sus taquillas quemadas. Desde aquel momento, sus nombres marcados fueron sinónimo de vergüenza.

Es aquí donde nace la leyenda de Joe “el descalzo” Jackson.

Durante el juicio, Jackson defendió su inocencia. Admitió haberse unido a la conspiración pero afirmó haberla abandonado después del segundo partido debido a los remordimientos. Sus estadísticas avalaron sus palabras. Sus porcentajes de bateo en las series fueron similares sino mejores a los de la temporada regular. Pero no hubo clemencia para él.

Comenzó entonces a viajar por el país usando identidades falsas. Jugó en ligas estatales, locales, en ligas de pueblo. Jugó a cambio de comida y techo, purgando su culpa a cambio de ropa y unos zapatos nuevos.

Los rumores acerca del tipo que jugaba como los ángeles terminaron por perseguirle allí dónde iba. No hubo pueblo en América en el que una docena de personas no afirmasen haberle visto jugar. Cuando las sospechas arreciaban, Joe hacía su petate y se marchaba a otro condado, a otro pueblo en el que a nadie sonase su cara.

Murió en 1951, solo. Como únicas pertenencias, la ropa que llevaba puesta, siete dólares en los bolsillos y un reloj de mano con el emblema de los Sox, que fue regalado a los jugadores que participaron en la victoria de las series mundiales de 1917. Incluso en sus momentos finales, la culpa siguió dictando sus actos. Sus últimas palabras fueron: “Dios sabe que soy inocente. Él me juzgará”.

Años más tarde, el escritor W. P. Kinsella publicó su novela “Shoeless Joe”, que terminaría dando forma a la película “Campo de Sueños”. En ella, los ocho de Chicago arrastran su tristeza por el limbo en espera de la redención, del perdón. Vagando por campos de trigo en espera de que los Sox vuelvan a ganar el título que ellos les arrebataron.

… Y hace tan sólo unos pocos días, los White Sox de Chicago ganaron las series mundiales de Baseball, 80 años después de lograr su último título.

Descanse en paz, “Shoeless” Joe Jackson.

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