Hablé de “Tránsito” la pasada primavera, después de verla en una sala prácticamente vacía, una noche de mayo.

Aprovecho el haber vuelto a verla, esta vez en DVD, para recuperar una de las mejores y más tortuosas (aunque no tanto como su rodaje y post-producción, eso seguro) películas del año.

Henry: “¿Conoce la cita de Tristán Rêveur sobre el arte malo?”

Sam: “No”

Henry: “El arte malo es más trágicamente hermoso que el buen arte porque documenta el fracaso humano”

Sam: “¿Has oído hablar de Tristán Rêveur?”

Lila: “Sí, claro”

Sam: “¿Te gusta su obra?”

Lila: “No la he visto. Nadie lo ha hecho. Quemó todas sus pinturas antes de suicidarse”

Sam: “¿Se suicidó?”

Lila: “A los dieciocho años dijo que viviría tres años más, que iría a Nueva York y se suicidaría. Y eso hizo”

Sam: “¿Cómo ocurrió?”

Lila: “Se pegó un balazo en el puente de Brooklyn. Dejó una nota de una sola línea: ‘Un suicidio elegante es la máxima obra de arte’ “

[…]

Lila: “El día que yo lo hice llevé dos hojas de afeitar al baño. ¿Sabes por qué? Porque sabía que, en cuanto empezara a sangrar, me debilitaría. No quería soltar una hoja y quedarme a mitad de camino. ¿Puedes imaginar eso? ¿Puedes imaginar odiar tanto tu vida como para llevar una hoja de repuesto?”

Sam: “¿Qué puedo decirle entonces?”

Lila: “Hay demasiada belleza para renunciar. Dile eso. Hay demasiada jodida belleza”

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