Gracias al Sr. Horror, me he enterado de que Christina Applegate, irreprimible fantasía de mi adolescencia, acaba de cumplir 35 años.

No resulta fácil aceptar que aquella rubia atómica de cuerpo desbordante se haya convertido en una mujer madura, sin que haya tenido la deferencia de cubrir su rostro con alguna arruga que la delate como tal.

En cualquier caso importa poco, los que la adoramos lo seguiremos haciendo aunque sus caderas se disparen horizontalmente y sus ojos se hundan y pierdan su brillo en el proceso. La queremos aunque haga películas como “La cosa más dulce” o se case con tipos insulsos como Jonathon Schaech.

Solo espero que, de vez en cuando, nos siga regalando su presencia en irreverentes gamberradas como esta…

Con qué poco somos felices…

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