Se trata de seguir las instrucciones de Catherine Deneuve, así de fácil…

Cuando vi “Piel de Asno” por primera vez tendría seis o siete años. Entonces me importaba bien poco si Jacques Demy perteneció a la Nouvelle Vague o fue un simple adosado (a los que piensan esto último les recomiendo que vean “Los paraguas de Cherburgo”. Cambiarán de opinión). 

Tampoco sabía quién era la impresionante mujer que cocinaba aquel pastel de amor mientras cantaba en una lengua extraña cubierta por la piel de un asno. Preferí dejarme llevar por la bellísima canción de Michel Legrand y compartir mis primeras fantasías (románticas, porque con esa edad otra cosa como que no) junto a la Deneuve a su hipnótico compás.

Lo más curioso es que cuando la volví a ver, no hará ni dos años, volvio a darme igual todo aquello. Simplemente me dejé absorver por escatológicas brujas, reyes de reinos de cartón-piedra, principes y hadas madrinas anacrónicas (no se pierdan como se desplaza la maravillosa Delphine Seyrig).

Por un par de horas todo volvió a ser como cuando tenía seis años… Sólo espero que dentro de siete u ocho años, cuando la vuelva a ver, siga sufriendo el mismo efecto secundario. Sería buena señal… Por aquello de mantener cierto grado de inocencia, digo yo.

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