Semanas desesperado y sin un duro. Pensando en qué podía regalar más allá de las telarañas que decoran mi cuenta corriente. Y lo más importante… Qué regalar a mi novia. Porque debe ser algo que le demuestre lo mucho que me importa y de paso compensarle el tener que soportarme desde que el pasado mes de Mayo juntasemos las camas again. 

Eso sí, tenía que ser algo que no me obligara a vender un órgano interno para hacer frente a la factura. Con lo fácil que habría sido regalarle un taco de vales de amor por una hora Joey Tribbiani style. 

En fin…

Hay un cuento de O. Henry que aunque está ambientado en el día de Navidad, se titula “El regalo de los reyes magos”. Creo que cuadra cual zapato de cristal en pie de cenicienta en el día de hoy.

Cuenta la historia de una pareja de jóvenes recien casados y sus problemas económicos propios de todos aquellos que emprenden la locura de una nueva vida en común.

Él no tiene dinero, pese a las muchas horas extra trabajadas. Pero tiene un valioso reloj de bolsillo que perteneció a su padre y antes a su abuelo. Está orgulloso de él. Lo limpia a diario. Lo acaricia al darle cuerda cada noche. Lo mima.

Ella ni siquiera tiene un trabajo remunerado. Gasta cada hora del día en hacer malabares con el sueldo de su marido tratando de mantener el hogar recien creado. Pero tiene un pelo precioso; Largo y negro. Su cabello es la envidia de todos aquellos que tienen la suerte de ser deslumbrados por su brillo. Ella lo cuida con esmero. Lo peina cada noche dedicandole el tiempo necesario que permita que al día siguiente luzca aún más hermoso que el anterior.

Al llegar el día de Navidad, los apuros economicos son tales que ninguno de los dos tiene nada que regalar al otro. Desesperado, él decide vender su reloj para compra a su mujer un pasador de plata que decore su preciosa cabellera. Al tiempo, ella, vende su preciado cabello a cambio de unas monedas que le permitan comprar una cadena de platino que haga aún más elegante el reloj de su marido.

Finalmente, a la hora de la cena, Jim (el marido) se reencuentra con Delia (la esposa) quien ha cubierto su cabeza con un pañuelo tratando de ocultar su pelo rasurado. Descubierta la paradoja (ni él podrá utilizar la cadena, ni ella el pasador), encontrarán el mejor regalo imaginable en el desinteresado sacrificio mutuo.

El cuento se llevó al cine en 1952, junto con otros cuatro relatos más del escritor, en una deliciosa película titulada “Cuatro páginas de la vida” (espantosa traducción de “O. Henry’s Full House”). Farley Granger y Jeanne Crain interpretaron con brillante solvencia los papeles del jóven matrimonio. Si alguna vez tienen oportunidad de verla, no se la pierdan. Es una gozada.

Pues bien… Tras pasar por una situación económica similar a la de los protas. He conseguido reunir 9 regalazos 9 a costa de vaciar mi maltrecha cuenta corriente forever and ever.

Y el resultado final (con la inestimable ayuda envolvedora de mi hermana) ha sido este:

Pues eso… Ahora es el turno de las horas extra…

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