… Este famoso speak le valió un Oscar (que rechazó) a George C. Scott.  Y de paso, otro a Francis Ford Coppola y Edmund North (sus guionistas).

Aún hoy, cuando veo la gran película de Franklin J. Schaffner, sigo asombrándome de que su corrosiva visión del obtuso general (brillante en lo concerniente a cuestiones militares, bien es cierto), fuese acogida en su día como un homenaje hacia su persona.

“Sentaos. Quiero que recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La ganó haciendo que otros pobres estúpidos bastardos murieran por ella”

“Muchachos, todas esas historias de que América no quiere luchar, que pretende estar al margen de la guerra, son un montón de estiércol. A los americanos, por tradición, nos entusiasma luchar. Todo verdadero americano ama el acicate de la pelea. Cuando érais niños todos admirabais a los campeones, al corredor más veloz, a los ases del fútbol, a los boxeadores más duros. Los americanos aman al ganador… y no pueden soportar al perdedor”

“Deseo recordaros una cosa más. No quiero recibir ningún mensaje que diga ‘estamos aguantando nuestra posición’. ¡¡No aguantaremos nada!!… Que aguante el enemigo. Nosotros avanzaremos constantemente y no tenemos ningún interés en aguantar nada, vamos a agarrarles por la nariz y a darles un puntapié en el trasero. A patadas enviaremos a esos teutones al infierno”

“Bueno, sin duda habrá algo que podréis contar cuando volváis a vuestras casas… y dar gracias a Dios por ello. Si dentro de 30 años, sentados junto al hogar y con vuestro nieto sobre las rodillas, él os pregunta qué es lo que hicistéis en la Segunda Guerra Mundial, no tendréis que contestarle “acarreé estiércol en Louisiana”.

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