Lo peor de “Bobby” no es su idealismo trasnochado, tan caracteristico de la progresía yankee (vease “El ala oeste de la casa blanca”). Tampoco lo es su enfática narrativa, sus (demasiadas) historias de interés limitado sino nulo, ni la pretenciosa torpeza con que ha sido filmada por Emilio Estevez.

El problema no es que el director no sepa maniobrar entre la alambicada estructura que requiere una película coral. Ni que malemplee gastados recursos en dar forma a una hagiografía que levanta más ampollas que entusiasmo.

De hecho, el gran problema ni siquiera está confinado en la película sino en el que mira. El que es incapaz de apreciar, desvalido ante el creciente sopor, los pocos momentos que dan sentido a esta fracasada película necesaria (signifique lo que signifique tan pedante término).

Y es que, en descargo del espectador, es difícil reparar en la reposada calma que transmiten sus contados buenos momentos entre tanta forzada trama que no da otra impresión que la de servir de pobre excusa para hacer tiempo en busca de un climax final que ni calienta, ni quema, ni emociona, ni cabrea.

No es fácil borrar la mueca de estupefacción que se te queda tras la risible escena de la cocina en la que Larry Fishburne se dedica a pintar coronitas (*) en las paredes. Ni hay tiempo de limpiarse las lágrimas de falsa emoción que asoman cada vez (y son muchas) en las que Bobby aparece, sustentado siempre por un ridículo score que nos lo presenta elevado ya en vida a los altares. Posiblemente por ello, por la constante aglomeración de inocuas escenas, se hace difícil reparar en los raros momentos de belleza que proporciona “Bobby”… Como el momento, hacia el final, durante la fiesta que precede al magnicidio, en el que jóven matrimonio por compasión formado por William y Diane, nos hacen saber de modo sutil que han dejado de ser (al menos carnalmente) completamente extraños el uno para el otro…

William: “¿Cuándo es tu cumpleaños?”

Diane: “El tres de agosto”

William: “No sé mucho de ti, Diane. Tu comida favorita. Tu color preferido. Tu libro o película preferida. Ni siquiera sé si tu ombligo es exterior o interior”

Diane: “Interior… Pero me extraña que ya no lo recuerdes”

(*) Conozco perfectamente el significado de la referencia “Once and future King” y el simbolismo final del dibujo cubierto de sangre. No cuestiono la necesidad de la escena sino el tono autocomplaciente con que es presentada.

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