Mi teoría de que todo galardón es estúpido por definición se confirma en cada ocasión en la que se celebra una ceremonia de entrega de premios… Basta con repasar las listas de ganadores para confirmarlo.

Pero hay ocasiones en las que la diarrea mental de los que los otorgan supera todo lo imaginable. La estupefacción que me causó el ver a “United 93” como nominada a mejor película documental, según los eruditos usuarios de IMDb, quedó en simple anécdota cuando supe que el estupendo Walter Vidarte, a sus 77 años y con 73 películas a cuestas, había sido nominado a los Goya como mejor actor revelación.

Quiero creer que le fue concedido tal “honor” por encuadrarle en algún lugar (a modo de homenaje), ya que su presencia entre los actores “veteranos” se debía ver complicada (que los amiguetes se tienen que votar entre sí, y la mayoría de los de Vidarte deben estar a dos metros bajo tierra a esta alturas). Menudo homenaje, sí señor… Los premios por compasión deberían ser canjeables por vales descuento. Serían más útiles. 

Por cierto… ¿Saben cómo correspondió el actor de origen uruguayo a tan emotivo gesto?… No acudiendo a la ceremonia.

Bien por él…

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