Cartas del General Tadamichi Kuribayashi a su esposa…

14 de Febrero de 1945

Querida mía:

(…)

Nuestra única fuente de agua es la lluvia. Para lavarme dispongo de una taza de agua diaria. En realidad, sólo me lavo los ojos y, después, el teniente Fujita, utiliza la misma agua. Cuando ha terminado, el resto lo utilizo yo para las abluciones. Los soldados no suelen tener ni eso. Cada día, tras  haber inspeccionado las defensas, sueño en vano con un vaso de agua fresca…

9 de Marzo de 1945

Querida mía:

Ignoro si estas letras acabarán algún día en tus manos, ya que ninguna de mis anteriores cartas, dirigidas a ti, llegaron a abandonar la isla (…)

La situación es incontenible, todo está perdido. Ayer, en contra de mis órdenes, unos 2000 hombres, con la bayoneta calada y un cinturón de bombas, se lanzaron contras las líneas enemigas. Apenas quedaron supervivientes (…)

Has sido durante largo tiempo una excelente esposa para mí y una buena madre para mis tres hijos. En adelante, tu vida será más dura y precaria. Cuida la salud y vive largo tiempo. Tampoco será fácil el futuro de nuestros hijos. Cuídalos mucho después de mi muerte.

No resulta difícil imaginar la honda emoción que la lectura de estas cartas causaron en Clint Eastwood. De hecho, fue aquella lectura, junto a la visita que realizó al cementerio que alberga los cuerpos de los 20.000 soldados japoneses muertos en la batalla, lo que le llevó a interesarse por la historia vista con otros ojos.

Durante la promoción de “Cartas desde Iwo Jima” en Tokio, el director criticó con dureza a los políticos japoneses que, década tras década, se han ido encargando de enterrar aquel “vergonzoso” episodio de su historia…

“Ni uno sólo de los actores japoneses con los que trabajé conocía nada sobre Iwo Jima…” -declaró-

Y la mejor forma de rendir homenaje a aquellos 20.000 hombres que murieron por nada fue sintetizar sus historias en una sola. La de Saigo, el panadero.

El flashback (pocos, brillantes y perfectamente encajados, por cierto) en el que se recoge su reclutamiento es, además de la mejor escena de la película, el momento que esconde todas la claves y motivaciones de Eastwood para con esta obra magna que crece por momentos en mi cabeza al recordarla.

En ella, la esposa de Saigo recibe la nota de reclutamiento de su marido con desesperación (“No me lo quitéis. Sólo nos tenemos el uno al otro…”). Tras aceptar, él, la órden que le ha sido impuesta, tratará de tranquilizarla, asegurándole que volverá para ver crecer a su hijo y conocer al que está a punto de llegar… “Muchos hombres se marcharon y ninguno regresó”; Será todo lo que ella acertará a decir. El resto de la noche transcurrirá en silencio, tratando de que la impotencia no les haga desperdiciar ni un sólo segundo de la que (saben) será última velada que compartirán.

He tratado de escenificar ese momento mediante fotografías, apoyándome en la propia, bellísima y minimalista, banda sonora de la película. Y aunque el vídeo dura un minutito de nada, me ha llevado toda la tarde conseguir, tratar y editar las dichosas fotos.

Si alguien lo ve, espero que le guste…

Anuncios