Alguna vez tenía que ocurrir… Al bueno de Greg House le han disparado, abofeteado y zancadilleado en alguna ocasión. También ha recibido puñetados, insultos y no pocas humillaciones y amenazas.

Se podría decir que el karma le ha devuelto cada mina sembrada por el cabroncete tullido. Pero no, aún faltaba lo mejor (o lo peor, según se mire) por llegar…

Uuufff… No había visto nada igual desde el mítico corto simpsoniano “Balonazo en sus partes”, protagonizado (a su pesar) por George C. Scott.

Semejante patada voladora en grado tres debió doler. Más teniendo en cuenta que fue lanzada por todo un héroe.

Pero no, que no cunda el pánico. En el próximo episodio volverá a soltar tres docenas de gastados chascarrillos crueles referentes a algún moribundo (por supuesto, en pleno jeto de sus parientes) y todo arreglado. 

Porque House mola. Es malote, gracioso, se acuesta con putas, toma drogas sin remordimiento, viste chupas de cuero y va en moto. Si además de embellecerle con todo tópico cool imaginable, sus productores y guionistas, se hubiesen dedicado a dar sentido a las tramas de la serie en lugar de a escribirle chistes dignos del más rancio show de Las Vegas, entonces puede que la serie molase también. Pero eso no ocurrirá, claro. Poco importan sus irritantes efectismos (porque los efectismos molan también, tanto como las hemorroides) que hacen desembocar cada escena de tensión en un fundido a negro. Ni que el mayor atractivo de sus personajes secundarios radique en adivinar las curvas de Jennifer Morrison a través de su perenne bata blanca (sustituible, en el caso de las féminas heterosexuales, por el poco creible médico rubio de perfil griego). Total, qué más da. El objetivo, en su tercera temporada, es el mismo que en las anteriores: que Greg aumente la ristra de episodios clónicos, con aroma a CSI versión hospitalaria, rellenándolos con sus tronchantes ocurrencias.

Y lo cierto es que me cae bien. De veras que sí. Aunque no he pisado un lupanar en mi vida (tengo la mala costumbre de exigir reciprocidad emocional en lo referente al sexo), ni tomo drogas más potentes que el vodka (clásico que es uno), ni soy gracioso, ni malote (envidio sinceramente su nivel hijoputil); sí compartimos gusto por las chupas de cuero, además de una misantropía desbocada, e irreductible barba de dos días. Suficiente para mí. 

Así pues, al menos mientras “Los Serrano” no sean exterminados por la plaga biblíca que merecen (un diluvio de caspa, per example), larga vida al DVD… digo, larga vida a “House”.

 

Anuncios