Sí, aunque resulte difícil de creer, no siempre fue así. Además de la gloriosa versión X de “El Fugitivo” en la que el ladrón del diamante más grande del mundo (del tamaño de una pelota de baseball) se esconde del acoso policial en una colonia nudista (adivinen dónde escondió su botín y por qué andaba como escocido todo el tiempo), el cine azul también dispone de guiones interesantes y películas de referencia. Éstas son, a mi juicio, las historias de las cinco películas imprescindibles en la historia de un denostado género que con frecuencia olvida que en el sexo lo más profundo es la piel… 

GARGANTA  PROFUNDA (Deep Throat, Gerard Damiano. 1972)

¿Qué cuenta? (cuando no están follando): Se narra la historia de Linda, quien acude a la consulta del doctor Young, excentrico psiquiatra, en busca de solución para los graves problemas para alcanzar el orgasmo que padece. Tras las “exploraciones” pertinentes, el singular doctor descubrirá que un capricho de la naturaleza ha emplazado el clítoris de Linda en su garganta. Imaginen lo que sigue…

Su historia: Rodada en seis semanas entre Nueva York y Florida, con el presupuesto inicial de 24.000 dólares, “Garganta Profunda” es, y será, la película más comercial de la historia del cine porno. Sus ingresos, cifrados en torno a los 600 millones de dólares (según estimaciones del documental “Inside Deep Throat”), fueron a parar en su mayor parte a los bolsillos de la mafia, quien financió la película con el objetivo inicial de exhibirla clandestinamente. Su larga y victoriosa lucha legal marcó jurisprudencia en los casos referentes a obscenidad, autorizandose, desde entonces, y bajo la nueva calificación “X”, la exhibición pública de material pornográfico. Sobre la notoriedad que llegó a alcanzar en su día, habla el hecho de que el confidente de los periodistas del Washintong Post que cubrieron la investigación del caso Watergate, fuese bautizado “Garganta Profunda”.

Las míticas felaciones de su protagonista, Linda Lovelace, cercanas a la espeleología, son, de una tacada, los momentos más celebrados del género y los menos excitantes. Tal vez fue Manuel Vázquez Montalbán, quién mejor los definió: “Sus mamadas de penes-trenes de carga y exclusivamente proteínicos no trasmitían emoción humana, eran exhibiciones atléticas, paraolímpicas, de tragapaellas gigantes de Hospitalet o Getafe”.

Para más datos sobre el trágico destino de la Lovelace, busquen en archivos…

EL DIABLO EN LA SEÑORITA JONES (The Devil in Miss Jones, Gerard Damiano. 1973)

¿Qué cuenta? (cuando no le están dando): Justine Jones, madura solterona cercana a la cuarentena, decide poner fin a una vida de rechazo, sufrimiento y soledad, segandose las venas en la bañera de su casa. Tras su muerte, su ingreso en el Paraíso es rechazada, ya que se trata de una suicida. Sin embargo, no podrá acceder al infierno, ya que es virgen. Para ganarse el derecho a la condenación eterna, Lucifer concederá a Justine el disfrute de todos los placeres carnales que le fueron negados durante su desgraciada estancia en la Tierra. Una vez completado el periplo, durante el cual gozará de todas las variables sexuales imaginables, Justine será conducida al Infierno, lugar que Jones descubrirá como el más terrible imaginable; nada de calderas y fuegos de condenación eterna: Deberá pasar la eternidad recluida en una habitación acolchada en compañía de un esquizofrénico obsesionado por cazar moscas.

Su historia: Cuando Gerard Damiano, antiguo peluquero reconvertido en el más celebrado director del cine porno en su breve historia, pudo al fin liberarse del acoso de la mafia, decidió inventar todo un género de la nada acomentiendo la realización de su película más ambiciosa y oscura.

La idea original consistía en crear una película que pudiese contemplarse sin necesidad de usar el sexo como reclamo. Trece reescrituras de guión más tarde, el día antes de darse por comenzado el rodaje, Damiano despidió a la actriz protagonista (una chica de diecinueve años) para otorgarle el papel a una integrante del equipo de rodaje, de mediana edad, con objeto de darle mayor veracidad al personaje. Se trataba de Georgina Spelvin, quien a sus 37 años carecía de cualquier experiencia en el mundillo azul más allá de su participación como script en los equipos de filmación.

El resultado final fue la primera obra maestra (no sólo) reconocida por los expertos en el género. Sin embargo, la tristeza y negrura de sus imagenes ahuyentaron a un público con plena vocación onanísta, incapaz de asociar las referencias a Sartre, la estructura círcular de su propuesta y las innumerables referencias religiosas que esconde su breve metraje.

El tiempo la convirtió en pasto de cineclub. Se le dedicaron sesudos estudios en revistas cinéfilas, consiguió ser pre-nominada a varios Oscar (obviamente no pasó de ahí), y fue, incluso, estudiada en escuelas de cine. De hecho, es la única película pornográfica que he visto en pantalla grande. Fue en una filmoteca, rodeado de gafapastas de todo calado, no pocas mujeres incluídas. En la introducción, un profesor nos aseguró que había llorado cuando la vio por primera vez. Yo no lo hice, la verdad. Pero tampoco me toqué. Eso sí, no pondría la mano en el fuego por el resto de los que allí estuvimos aquella tarde-noche.

TRAS LA PUERTA VERDE (Behind the green door, Jim y Artie Mitchell. 1973)

¿Qué cuenta? (entre polvo y polvo): En un bar de carretera, un enigmatico camionero cuenta a dos interlocutores una leyenda urbana que afirma como real. Se trata del rapto de mujeres jóvenes por parte de una extraña secta, con el fin de someterlas a todo tipo de vejaciones sexuales tras haberles sometido a hipnosis. Esas vejaciones formarían parte de un expectaculo clandestino dirigido a personas de clases privilegidas que asistirían a la representación ocultos tras máscaras. El camionero asegura haber sido testigo de uno de esos raptos…

Su historia: Tras vivir intensamente la movida hippy de los 60, los hermanos Mitchell dedicieron aprovechar la coyuntura del momento para ganarse la vida con el nuevo y floreciente negocio del porno. Para ello crearon, en su San Francisco natal, el O’Farrell Theater, una sala X en la que se dedicaron a exhibir tanto películas ajenas como loops (cortos) creados por ellos mismos.

Enriquecidos en poco tiempo, se decidieron a plantar cara a la potente industria porno de la costa Este (encabezada por Damiano) con una visión más festiva (Californiana) del sexo, rodando sus propias películas. Así, con un presupuesto de 60.000 dólares, nació su proyecto estrella: “Detrás de la Puerta Verde”. Eran los momentos de apogeo del nuevo género. Su aroma contracultural atraía tanto a intelectuales como a pajilleros anónimos (que viene a ser lo mismo, en realidad) lo que proporcionó al anunció de filmación de la que sería gran película porno americana del año, gran expectación. Prueba de ello fueron los cientos de candidatas que se presentaron en pos del papel protagonista. Finalmente, éste recayó en una modelo publicitaria llamada Marilyn Briggs, que desde entonces pasaría a ser conocida como Marilyn Chambers.

Chambers, especialmente reconocida por ser imagen de una popular marca de jabón de la época, negativizó el eslógan de dicha marca (99’44 % Pure) añadiendo el prefijo “im” a la palabra pure, lo que sirvió de publicidad extra, junto con la contratación de Ben Davidson, conocido defensa de los Raiders (equipo de fútbol americano), quien firmó una pequeña aparición sin sexo como uno de los viciosos Vips presentes en el orgiastico expectaculo; morbo suficiente para que la película se convirtiera en un rotundo éxito de taquilla.

Rodado en 16 milímetros, el intenso calor del verano californiano dañó el celuloide, lo que obligó a los Mitchell a editarlo en 35 milímetros para camuflar su trazo sucio y borroso. Tras siete meses de trabajo, el sorprendente resultado final (de hecho, sorprendió a los propios hermanos) mostró una involuntaria estética psicodélica que la unió para siempre a la cultura hippy tanto como lo están Janis Joplin o el LSD. La archiconocida escena final, una alucinada eyaculación sobre el rostro de Chambers rodada en negativo desde diferentes ángulos, es tan representativa de la época como lo puede ser cualquier canción de Jimmy Hendrix.

Nuevas pre-nominaciones al Oscar (el ser admitido a concurso por la academia se consideraba casi como una nominación final), homenajes, celebraciones y un artículo en Time, convirtieron a los Mitchell en pequeñas celebridades del momento. Años más tarde, en plena decadencia, Jim asesinó a su hermano Artie. En 2001, otros hermanos, los hijos de Martin Sheen, se inspiraron en su historia para rodar “Rated X”… Espero que no acaben igual, que con Charlie nunca se sabe.

THE OPENING OF MISTY BEETHOVEN (Henry Paris, 1975)

¿Qué cuenta? (además del meta saca): Seymour Love, hedonísta escritor neoyorkino, conoce en un cine de los suburbios de París a una joven que se gana la vida ejerciendo como mamporrera de ancianos que acuden a las sesiones dobles en busca de sus servicios. Atraído por su personalidad desenfadada y divertida, Seymour se propone convertirla en la mejor meretriz del mundo. Para alcanzar tan lustroso estatus, Misty será sometida a un riguroso entrenamiento supervisado por su mentor. Una vez acabada la instrucción, se enfrentará a diversas pruebas que demuestren su valía. Tras superar con éxito la prueba final (seducir al gay más famoso del mundo), Seymour y Misty se enfrentarán a un inesperado desafío: El amor…

Su historia: El neoyorkino Radley Metzger, firmó bajo el seudónimo de Henry Paris la que fue su gran obra en el ámbito del mundo azul. Licenciado en arte dramático, el veterano de la guerra de Corea reconvertido en director de cine porno, pasó a la historia del gremio como el autor de la comedia más hilarante filmada con sexo real de por medio. Las afiladas reflexiones que se dirigen pupila y mentor, en este inconfesado remake del “Pygmalion” de George Bernard Shaw, bien podrían formar parte de los diálogos de cualquier serie de culto de nuestros días. Jaime Chávarri, de hecho, recomendaba visionar dos veces la película. Una para disfrutarla y otra, fast-review de por medio, para lo otro.

Para protagonizarla, Metzger tuvo la fortuna de toparse con Susan Jensen, modelo de poco éxito que encontró en el porno una vía rápida y segura de ingresos. Fue esa obsesión suya por el dinero (contó, Metzger, que Jensen se pasaba el día preguntándole por el dinero) la que determinó el nombre artístico con que fue bautizada: Constance Money. Su gran actuación (habilidades sexuales al margen) en una época en la que a las actrices porno se les exigia relativas dotes dramáticas, la convirtió en una cara conocida fuera del circuito azul. Aprovechando la coyuntura, posó para Playboy y otras revistas, lo que le valió para alejarse del porno con tan sólo un puñado de películas a cuestas.

“Opening Misty Beethoven” permaneció en cartel durante siete años en la ciudad de los rascacielos. Fue exhibida y premiada en festivales (no sólo eróticos), además de ser considerada un clásico del hardcore. Radley Metzger, su autor, provó suerte en el cine comercial (“El gato y el canario”) con escasa repercusión. Más adelante volvió, desencantado, al que le proporcionó notoriedad. Años más tarde, ya retirado, ejerció de abuelo cebolleta al declarar: “La rodamos (“Opening Misty Beethoven”) en Italia, París, Long Island y Nueva Jersey. Tardamos seis meses en completar la producción. En ese periodo de tiempo, hoy se ruedan un centenar de películas en un garage de Van Nuys. Antes pretendíamos hacer cine. Ahora parece bastar con rodar planos ginecológicos”.

EL SEXO QUE HABLA (Le sexe qui parle, Claude Mulot. 1975)

¿Qué cuenta? (cuando no gimen): Joelle, joven publicista felizmente casada, descubre un día que su vagina posee la facultad de hablar. Al principio, el sexo parlanchín limita sus observaciones al ámbito privado, señalando la insatisfacción sexual que padece, pese a que Joelle afirma lo contrario. Sin embargo, un día la vagina indiscreta decide comenzar a hablar en público, lo que provoca graves problemas a su propietaria y el inmediato interés de los medios de comunicación. Eric, el marido, terminará por descubrir, gracias a las frecuentes indiscrepciones del locuaz sexo parlante, que tras la cándida inocencia de Joelle se oculta una mujer con un turbulento pasado sexual.

Su historia: En la primavera de 1975 se legalizó finalmente el porno en Francia. La nueva situación llevó a la potente industria soft gavacha (recuerden “Emmanuelle”, “Madame Claude”…) a reconvertirse a la mayor brevedad.

En aquel río revuelto apareció Claude Mulot, resuelto joven de 30 años que vivió con desenfreno el mayo del 68. Mulot propuso al productor soft Francis Leroi, la filmación de una comedia conceptual en la que los muros de la hipocresía social fuesen derribados por la brutal franqueza de un utópico sexo parlante.

Además de la inenarrable escena en la que la vagina es entrevistada en directo por un reportero televisivo, aquella sátira sobre el matrimonio pasó a la historia como la única película exhibida en cines comerciales (lo que la convirtió en un gran éxito de taquilla) antes de que las autoridades francesas decidiesen cambiar la legislación, relegando las cintas clasificadas X a salas especializadas.

…Y desde aquel día, los autobuses españoles en ruta hacía Perpignan borraron de su agenda las palabras: Último, Tango y Paris.

Y ya está. Bueno, en un principio eran diez las elegidas, pero se hacía engorrosamente largo el tema. Un par de posteos más y conseguiré culminar esta serie XXX sin enseñar una sóla teta. Y eso, sí que tiene mérito.

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